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Entra un nuevo alcalde y si es de diferente partido al entrante, los señalamientos no se harán esperar. Que no dejaron dinero; que se llevaron todo, hasta la escoba; que dejaron un cochinero; que dejaron millonarias deudas; que descubrieron varias chucearas…

A veces hasta cuando el presidente que entra y el que sale son del mismo partido se dan estas quejas, ideales para no cumplir, para no trabajar, para agrandar las deudas y hasta heredarlas a los que gobernarán después.

El presidente Fox hizo lo mismo, aunque rara vez usó las quejas como pretextos. Felipe Calderón se ha quejado también, pero de el de las botas.

Con los gobernadores no es distinto.

Pero casi todos los políticos dejan de lado al poco tiempo las quejas sobre sus antecesores, total, se pueden dejar así y ahí que resuelva las anomalías el que les siga.

El que sí sigue llorando es el gobernador de Oaxaca, que desde el primer día de su mandato se ha estado quejando de esto y del otro, de todo lo malo que supuestamente hizo el anterior gobernador priísta.

De todo le echa la culpa Cue al PRI, no hay día en que no lo haga. Se queja de lo que hizo su ex partido; cómo no hizo todos esos señalamientos cuando él era también priísta y trabajaba para Oaxaca. ¿Hasta ahora se dio cuenta? Más bien ya vio que no es lo mismo hacerse de la vista gorda a tener que afrontar las broncas.

Que el PRI dejó a Oaxaca sumido en la miseria. Ojalá que Gabino Cue saque adelante al estado y les dé prosperidad a cada uno de sus habitantes, cosa prácticamente imposible y que no tiene que ver con la capacidad política.

Si el PRI era tan malo, ¿por qué en Oaxaca votaron por él durante años y años? ¿Se sentirá Cue un mesías o por lo menos más listo que cualquier paisano suyo?

Si el gobernador va a seguir llorando durante todo su mandato y no va hacer nada por el mismo motivo, qué flojera.

El gobernador de los pretextos, el que solamente ve problemas en donde los demás ven oportunidades, el que lo único que tiene para decir a los medios y a su gente es que todo está jodido y está cabrón para arreglarlo…

Oaxaca y sus más de 500 municipios sí están algo o mucho jodidos, pero parece que su gobernador no podrá hacer nada por ellos. Qué lástima porque todavía quedan cinco años y medio de lloriqueos.

Y en Jalisco nuestro gobernador dice que está más que puesto para buscar la presidencia de la república; argumenta que él ha entregado mejores números que Peña Nieto al frente del Estado de México.

Quién sabe de dónde sacará esos mejores números don Emilio, supongo que del mismo lugar de donde los saca Peña Nieto.

Pero los indicadores dicen otra cosa. Jalisco se ha rezagado en varios rubros, sobre todo económicos; estamos de media tabla para abajo en casi todos los parámetros económicos. De nuestros estados vecinos el único que está detrás de nosotros es Zacatecas. Increíble que lugares como Baja California y Quintana Roo, que prácticamente a lo único que se dedican es al turismo, superen a Jalisco.

Ya cualquier industria o empresa nueva llega a otro lugar en vez de Jalisco. Los inversionistas ahora ven a nuestro estado como uno del montón en vez de una opción lógica para hacer negocios.

No es retroceso, simplemente estancamiento. Jalisco creció mucho en los años 70 y 80 a pesar de las crisis económicas y los malos gobiernos federales de aquel entonces. Dimos el estirón y ahí nos quedamos y desde entonces, la mitad del país ha seguido creciendo, haciendo la tarea y sobrepasándonos. De hecho, a los únicos estados que les seguimos ganando son a los más pobres del país.

Si esto fuera fútbol, Jalisco se encontraría a media tabla, sin aspiraciones de entrar a la liguilla y mucho menos de lograr el campeonato y si nos descuidamos tantito, dentro de una o dos temporadas estaremos en la lucha por no descender a la Primera A.

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