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Por Oscar Maldonado Villalpando

Jueves Santo: Misa Crismal.

Este jueves 21 de abril de 2011, Guadalajara concomitante, serena, limpia y apacible.

Cálida mañana de la joven primavera.

La fuente, la gran fuente de la plaza hace llegar, por la puerta mayor de la catedral, su murmullo plácido, sus devaneos impredecibles, sus formas caprichosas. La fuente que se levanta hacia la región de la luz y se derrumba abrazándose a sus propias claridades.

El Cardenal dice desde la sede: ¡Felicidades a los sacerdotes! ¡Bienvenidos todos los cristianos! “Porque hoy nace el sacerdocio ministerial”

En sonidos latinos, en celajes de incienso: hoy se celebra la gran liturgia, la Misa Crismal de nuestra diócesis.

Las cóncavas, solemnes y altísimas bóvedas incluyen a tantos sacerdotes que forman un tapiz, un hermoso prado, una ofrenda sin fin, una floración incomparable. Las albas naves de la catedral desbordan de cantos, de fortaleza espiritual.

Ha llegado la hora de hacer nuevo el sacerdocio, de renovar la entrega, de retomar el amor. El Espíritu del Señor está sobre mí. La estirpe que bendijo el Señor.

-Proclamaré sin cesar las misericordias del Señor. Canta la Iglesia agradecida.

La salvación que el sacerdote lleva en su corazón y siembra a manos llenas, llega por los sacramentos. El gran sacerdote, el obispo, bendice y consagra los santos óleos y el santo crisma. Signos y elementos para salvar, liberar, curar, consolar anunciando el año de gracia, el año mesiánico.

El sacerdote se ha revestido de Cristo nuevamente. Un espíritu nuevo, un corazón nuevo para santificar a los hermanos y que ellos, a su vez, santifiquen al mundo en que viven.

Día de felicidad, fiesta sacerdotal. El Señor ha estado aquí, la fuente intensifica su alabanza en su propia salmodia.

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