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El inge Rigoberto Aguirre
Ornelas levanta su canto

+ El Refugio, Paredones, la
mirada, la memoria del hombre

Por Oscar Maldonado Villalpando

Algo impulsa dentro del pecho. Algo hace el envite para expresar sus cosas, que son el cargamento de cada quien en la vida. El Ingeniero don Rigoberto Aguirre Ornelas, como buen alteño ha enfrentado con gran denuedo el acontecer de la vida, se abrió camino, ha triunfado; ahora, pasado el tránsito más arduo y denso, vuelve la mirada, a lo más querido y brillante, en su vida, y se descubre como aquel niño, de su tierra tan querida, El Refugio, Paredones, niño que capturó dentro de sí, para sí, todo aquello tan hermoso y sagrado.
Y es gustoso de acarrear, como el agua zarca de aquel pozo, el cofre de su vivencia, los cariños primeros, las devociones íntimas. Y nos convida y sirve, todo aquello que hace la historia de su pueblo, y nos suministra aquel elixir espirituoso, tan sustancial como el pulque del corazón de sus magueyes.

El dice: “Breve reseña histórica de Paredones”.

Sus pobladores y Autoridades, los arrieros y mesones, el orgullo de ser marianos, datos del Beato Miguel Gómez Loza y otras pequeñas anécdotas de este singular pueblo”.

De plano, el estimado Ingeniero Aguirre, nos trae un tesoro sobre El Refugio, Paredones. Lo que el rescata es un abrazo de nuestros pueblos. Esos pueblos Alteños tienen todo esto en común y, más que nada, sus tradiciones y el cariño por su madre tierra. Leamos: “aquella tardes de verano en las que se nos antojaba alguna fruta y, dada la falta de dinero, había que ir al barbecho o al potrero a buscar esos ricos “Chirlos”, … talayotes, jaltomates –frutilla muy deliciosa que eran tomatillos, solo que negros- Y no puedo dejar de traer a la memoria, cuando íbamos a contar leña para el fogón, que nos encontrábamos un “maguey capado”, ya produciendo aguamiel, que los dueños sacaban con un posillito y lo vaciaban en la cántara para venderla en el pueblo… sólo que los chavos de entonces ya sabíamos de las pajitas chocomileras, pegábamos dos pajitas y a succionar el agua miel. ¡Bueno, hay que dar de beber al sediento! ¿No? Además, la naturaleza Dios la hizo para todos. “

En qué bella forma sacude el muchacho los escrúpulos moralistas. ¡Salud por esos preciosos sorbos de agua miel!

El Refugio, Paredones, está bien retratado, en esta reseña de don Rigo. La Virgen del Refugio, en primer término. No faltaba más. El admirable figura del Beato Miguel Gómez Loza, con detalles que saben a cercanía y familiaridad. Y sobre todo aquel subtítulo que él mismo utiliza: “El orgullo de ser marianos” Y los charros y todo lo que es y hace este hermoso pueblo de Los Altos de Jalisco.

Y quién es el autor:

El Ingeniero Rigoberto Aguirre Ornelas es originario del pueblo del Refugio, Paredones. Es ingeniero civil por la Universidad de Guadalajara. Fue servidor público en la SAGARPA, en Guadalajara, Tepatitlán y Ameca, por 25 años, los últimos 7, como Jefe de Distrito en la Región Valles, en Ameca.

Tiene especialidad de “Alta Dirección Gubernamental” por Tec. De Monterrey. Diplomado en “Desarrollo Rural Sustentable”, “Desarrollo Regional” y “Comercialización Agropecuaria” por El ITESO. Diplomado en “Geomática y Organización Territorial” y “Administración Gubernamental” por la Universidad de Guadalajara. Actualmente es administrador de los inmuebles federales compartidos de SAGARPA en Jalisco y pertenece al INDAABIN.

Adicionalmente, o quizá principalmente, es un buen católico, servidor en su parroquia del Sagrado Corazón, Col Atlas. Pero a esta luz que hoy tratamos, es un valiosos aportador a la cultura y a la historia de nuestros pueblos

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