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Por Fabiola González Ontiveros

Aunque no me la paso en fiestas ni rolando por el país como muchos en busca de festivales ni nada por el estilo, el fin de semana pasado, tuve la oportunidad de asistir al evento más bonito que me ha tocado ver, incluso está considerado como uno de los mejores en el país, a pesar de que apenas lleva doce años de estarse llevando a cabo.

El festival de Cumbre Tajín 2011. Mientras viví en Tepa, cuando era niña, mi familia solía hacer viajes de una semana en el que, además de ser vacaciones, íbamos por liderazgo de mi papá, a lugares del país que tuvieran algo más aparte de playa, que son los lugares a los que usualmente la gente va, porque el agua y el calor son lo mismo donde quiera, así que íbamos a minas, a zonas arqueológicas, a cascadas, cosas por el estilo, pero jamás oí de Cumbre hasta mis últimos años de vivir en Tepa.

Mi papá llegaba y contaba que se hacía un festival de la identidad en Tajín, que está entre Poza Rica y Papantla, que iban muchos artistas y que se llenaba a reventar, que había montones de hippie y variedades de esas que en Tepa no se ven tan seguido, que la gente se tiraba al pasto en cualquier lado o hasta se quedaban dormidos muy tranquilos, que en las pirámides por la noche había un espectáculo de luz y sonido en el que con luces de colores de cierta manera adornaban las pirámides… toda una maravilla me imaginaba yo pues.

Y resulta que en 2010 lo invitan, como cada año, pero ahora ya vivía yo en Xalapa, así que fue mucho más fácil pegármele y que se viniera una parte de la familia a conocer. Me imaginaba yo que la gente traía su escándalo en la zona arqueológica, pero al momento de llegar supe que la que mencioné era una cosa y aparte había un parque temático en el que hay millones de cosas por ver y hacer. Quedé fascinada y quise volver este año.

Cumbre Tajín francamente no es lo que en Tepa se conoce como las fiestas del pueblo, porque aunque acá son las fiestas del pueblo de Papantla, Veracruz, en Tepa es, ir a la expo ganadera, tomar mucho, ir a la feria con los niños, que son solo juegos mecánicos, tomar más y de ir algún artista de su agrado pues pagar también por verlo… y por supuesto seguir tomando.

 En cumbre, por entrar al parque temático me parece que antes de las 3, cobran como 150 pesos y después de esa hora alrededor de 300, cada día, por supuesto. La grandísima diferencia es que adentro hay decenas de talleres, espectáculos por todos lado y en la noche el artista, claro está, y no cualquier artista, tratan de llevar gente buena para que jale público. Y absolutamente nada de lo que mencioné se cobra adentro. Este año estuvieron Intocable, Panda, Ely Guerra, Miguel Bosé, Kinky, Jumbo, Liquits y Calle 13 como artistas principales, y ya se imaginará cómo estuvo de lleno desde el jueves hasta el lunes, que es la duración del festival.

Mi hermana vino con el pretexto de ver a Calle 13, porque de una vez le platico que somos bien fans le guste a quien le guste, pero como nunca había venido no tenía ni idea de todo lo que había por hacer. Como es un festival de la identidad, naturalmente quienes imparten los talleres son en su mayoría indígenas totonacas, y hay de todo y más.

Para hacer papalotes, para hacer flores de papel o de hoja de tamal o de vainilla, para hacer juguetes mexicanos, barro, para pintar, para hornear pan, vaya… incluso me encontré un taller en el que estaban haciendo hilo de las bolas de algodón, y el material también te lo dan ahí, te enseñan hasta a bailar, salsa, cha cha cha, sones, tango, danzón, etcétera y solamente hay que apuntarse en una lista y estar a la hora que empieza cada taller, que no es el mismo todo el día, sino que hay dos o tres en cada lugar a lo largo del día.

Está el llamado Nicho de la Música que es donde se presenta el artista principal, y hay escenarios alternos siempre con algún espectáculo. Aunque sin exagerarle el lugar es inmenso, en todos lados hay muchísima gente y nada está quieto, aún si está uno sentado en el pasto ve bailar a los indígenas por aquí o alguna comparsa por allá o algún adorno.

Con decirle que recorrimos el parque fácil unas 20 veces de cabo a rabo, y cada vez descubríamos alguna cosa que la vez anterior no habíamos notado. Cuando dicen festival de la identidad, y mencionan talleres y espectáculos, la gente suele pensar que es de esos eventos culturales y aburridos, pero la verdad es que se arma un relajo que gente de todas las edades disfruta, porque hay para todos, me parece un evento que está de lo mejor pensado y organizado.

A la hora de la música, el sábado por ejemplo, el cantante fue Miguel Bosé, que francamente ni mi hermana ni yo somos seguidoras, así que nos quedamos solo un rato y hasta atrás, donde no se veía gran cosa porque la gente estaba apretadísima en toda la explanada, ese día se acabaron las entradas al parque desde el primer el jueves y dicen que hubo de 30 a 40 mil personas.

El domingo, que era el día que habíamos esperado con tanta ansia, porque era el día que se presentaba calle 13, le platico que había gente sentada agarrando lugar desde las 2 de la tarde, y sentada en el suelo, porque ahí no hay sillas, jóvenes y no tan jóvenes estaban ahí haciendo guardia dispuestos a esperar hasta las 11 que es la hora programada para los artistas. Mi hermana y yo no podíamos creer que la gente estuviera dispuesta a pasar tanto tiempo ahí sin hacer nada durante 9 horas solo para ver a un artista, pero de cualquier manera nosotras les hicimos compañía por ahí de las 4 de la tarde.

Claro que al final terminamos huyendo porque a la hora de levantarse el apretadero nos hizo correr hacia una zona donde nos sintiéramos más seguras. El concierto lo vimos, nos dijeron después, acompañados de más de 50 mil personas que junto con nosotras cantaron desde el “baile de los pobres” hasta la “fiesta de locos”, pasando por: vamo’ a portarnos mal, suave, el tango del pecado, atrévete-te la cumbia de los aburridos, calma pueblo, entre otras. Y recibimos un montón de críticas porque nos gusta Calle 13, pero la verdad es que no se han dado tiempo de escucharlos, porque ni es reggaetón ni las letras son vacías, y en todo caso, como dice mi hermana “ni a mí, ni a las otras 50 mil personas nos impolta”.

 El 21 de marzo tratamos de ir a las pirámides vestidos de blanco que dizque a recibir las buenas vibras, pero el calor infernal y la cantidad de gente que había, tan solo para entrar, nos obligaron a dar la media vuelta y recibir las energías desde afuerita.

Así que yo los invito el próximo año, los que puedan, a que se den una vuelta hasta acá, que el camino es largo pero todo vale la pena, y que traten de ver más allá de la playa o el alcohol, que no es precisamente lo que más puede gustarles, lo que pasa es que están muy cómodos esperando a Julión Álvarez que en lo personal no tengo idea de quien sea pero sé que va a ir a las fiestas de abril, por ejemplo, hay que tratar de abrir los ojos y darse cuenta de que lo que vale la pena no lo tenemos tan fácil, eso incluye espectáculos y fiestas, que no precisamente estarán en la ciudad, pero seguro que se divertirán.

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