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Por Ana Paula de la Torre Díaz

La teoría de la conspiración es la más fácil, las personas al mencionarla se creen las más profundas pero en realidad caen en la crítica más superficial de todas, y es aquella que no requiere de datos; todo es una sospecha.

Analizando las cosas en medio Oriente. Se sabe que todo comenzó cuando un joven tunecino se prendió fuego ante la impotencia de no encontrar un trabajo y tampoco poder manifestarse o siquiera vender naranjas en la calle para sobrevivir.

El hecho estremeció al mundo, una persona prendiéndose fuego a sí misma, no huelga de hambre o manifestación violenta; lo que sea, no, se prendió fuego a sí mismo.

En su momento me pareció “absurdísimo”, quién iba a decir que eso desataría todo lo que ha desatado. El fervor se expandió por toda la zona, varios países, hablando de personas normales, que no necesitaron propaganda de Al Qaeda como dice Gaddafi; o propaganda norteamericana como dicen Chávez o Castro para movilizarse e intentar obtener gobiernos más incluyentes. En mucho tiempo, por lo menos desde la década de los setenta, se había visto que un gobierno con el descaro que lo hace el Libio disparara contra su propia gente. El día miércoles, un consejo rebelde pidió a al ONU, realizar zonas de exclusiones aéreas para que puedan derribar mercenarios que apuntan son pagados por el gobierno libio provenientes de Argelia y otras partes de África. El gobierno norteamericano declaró el miércoles que una zona de exclusión aérea significaba inevitablemente incursión militar y ataque a las fuerzas libias para que sus aviones y “chicos”, así lo dijeron, no fueran derribados.

Es cierto que el país es petrolero, es cierto que al mundo le preocupa el asunto; es cierto que si la guerra civil se extiende por un periodo de tiempo considerable tras no renunciar Gadaffi puede suceder un desgaste social y un retraso económico en la zona que como todo con la globalización podría significar un retroceso en finanzas internacionales. Por lo tanto, es normal que haya intereses en la zona.

Pero, de lo anterior a asegurar que todo esto fue planeado para invadir el país y después adueñarse de los recursos de Libia me parece completamente desatinado. Primero por la forma en que fueron dándose los hechos, uno a uno, país por país, proceso por proceso, desde la base; personas con su celular organizándose, sin líderes, movimiento generalizado. Dos: es quitar legitimidad a un movimiento que salió del ara ciudadana. Intereses hay, eso es normal.

Es cierto que si la OTAN con respaldo de las Naciones Unidas ayuda a los rebeldes (ciudadanos) con invasiones, habrá que tener puesto el ojo en la zona para que no se convierta en un asunto de invasión y control económico posteriormente. También es cierto que lo mejor sería que el propio país arreglara sus problemas, pero, no sé qué tan ético sea que la comunidad internacional permita que un pueblo sufra tal vez años, meses de guerra civil, cuando podría quitar de una vez por todas a este aferrado (Muammar).

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