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Sólo el buzo avanza cuando se hunde…

La semana pasada caló hondo en el ánimo de la alcaldesa Cecilia González y en su equipo cercano el hecho de que los regidores panistas les votaran en contra la propuesta para edificar vivienda económica para la gente de Tepa, los que no tienen o no pueden aspirar ni a Infonavit, Pensiones, Fovissste o –ya ni hablar de un crédito bancario.

La propuesta inicial de aprovechar un terreno de particulares para intercambiar terrenos con servicios a cambio de materiales de construcción y horas máquina del Ayuntamiento no les quedó claro a los panistas comandados por el inamovible Arturo Pérez Martínez, quienes batearon la propuesta y la mandaron a la congeladora por los siguientes seis meses.

Tras haber votado contra el intercambio, los panistas se dijeron satisfechos porque “no les quedaba claro” cómo iba a hacer el negocio del intercambio. Dijeron que ofrecía mucho el Ayuntamiento a cambio de tan sólo 100 lotes”. Lo cierto es que, en los últimos quince años, tampoco fue tan clara la forma en que se hicieron las compras, por ejemplo, de los materiales para el Bulevar y su concreto-polvorón.

No fueron transparentes las concesiones de la Feriabril, donde el hermano de Arturo Pérez usufructuó las terrazas y la explanada. Ya ni qué decir de las permutas de terrenos entre Ayuntamiento y particulares, o las donaciones para escuelas a cambio de plazas para algunos amigos y familiares de los funcionarios en turno (ahí les hablan profes de la escuela en el fraccionamiento San Pablo).

En fin, la transparencia que ahora reclaman los regidores panistas para el tema del convenio de cooperación para viviendas económicas para la gente pobre, es loable. De hecho pudiéramos aplaudir este tipo de actitudes de rectitud, de honestidad, de defensa a favor de las cuentas claras… si acaso lo hubieran hecho con anticipación.

Podría Arturo tener razón en reclamar que las cosas sean transparentes, si acaso lo hubiera peleado en los tribunales (como ahora lo hace) con las administraciones de su partido. Entonces podríamos hasta sumarle adeptos a su próxima campaña para diputado local, como aspira, pero las cosas no se perciben como él pretende.

Alguien le tiene que decir a Arturo que su lucha de transparencia, de rendición de cuentas, la tiene que hacer incluidas algunas de las obras de hace algunos años, porque corre el riesgo de quedar mal parado ante la comunidad, en particular entre aquellos que hicieron filas desde muy temprano para entregar sus documentos el año pasado, en las afueras de la presidencia municipal, con el sueño de alcanzar una casa, aunque sea un pie de casa. Si los convenios están claros o no, si los acuerdos son justos o no, eso lo debemos conocer todos los ciudadanos, al margen de si Arturo está de acuerdo o no.

En este punto a los consejeros de la alcadesa se les fue el “pequeño” detalle de cabildearlo con los sectores sociales. Si acaso lo hubieran ventilado con más sectores, si acaso platicaran los funcionarios con la sociedad de qué buscan, a dónde quieren ir y cómo pretenden hacer sus cosas, el gobierno de Cecilia tendría más respaldo y no correría el riesgo de verse doblegada en una sesión de Ayuntamiento por seis personas que, es obvio, no le quieren dejar hacer lo que ella quiere, pues ello implica dejarle libre la carrera política; ese es un pecado que no piensan cometer los regidores panistas, y menos Arturo, quien ya se ve, desde ahora, compitiendo de nuevo contra Cecilia, dentro de un año, entonces por la diputación local.

Ganar las batallas implica armar una estrategia y presupuestar los costos de la batalla y de sus resultados, no sólo es cuestión de cortar cabezas, de pisar al enemigo.

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