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+ De familia de charros, toreros
carniceros y hasta artistas


+ A su edad todavía le sale al toro
… aunque ya le den becerras

Por Flavia Mariela.- Un amigo me sugirió entrevistar a ‘Tolano’. Inmediatamente pregunté quién era esa persona y dónde podía encontrarla. Ya cuando me explicó resultó que casi a diario lo veía al famoso Tolano y algo ya sabía de él, al menos que es el dueño de la birriería del mercado.

Victoriano de Loza Gómez, es su nombre. Su oficio, según él, es el de comerciante, agricultor y ganadero.
Mientras él deshacía unos chorizos yo tomaba un refresco y la charla comenzó.

“Combino las actividades del campo y del comercio. Aquí teníamos carnicería, mi papá era carnicero. Somos una dinastía de carniceros y charros. Gente que tiene obradores, que manejaba la carne de cerdo, una de las industrias que se ha perdido en Tepa y lo que era la fama de las carnitas, fue el ícono. La historia de las carnitas data de cuando llegaron los judíos sefarditas aquí a México, para no ser detectados, hacían carnitas pero las regalaban porque ellos no comen la carne de cerdo porque es impura, entonces la hacían para regalar y todo, y luego empezaron a comercializarla”.

¿Y cómo es que usted comienza a vender birria?

“Yo tenía una empacadora, hacía jamones. Mis maestros fueron unos alemanes, uno de ellos era Rodolfo Strauss. Después de la empacadora puse este negocio y se me ocurrió manejar la birria al estilo de Jalisco. La birria es como un concepto, cada estado de México la elabora a su modo”.

En lo que conversábamos, Tolano saludaba a medio mundo y yo no podía evitar ver hacia una de las paredes donde tiene colgadas varias fotos de charros.

“Como le decía, mi familia también es una dinastía de charros. El charro mexicano usa la reata, la soga de ixtle, que las primeras fueron las de Chavinda, Michoacán. Ahora, a la soga de ixtle se la conoce como de Chavinda aunque ya no se fabriquen exclusivamente en ese lugar, les quedó el nombre por la original.
En mi familia, por parte de mi mamá desde mis tíos abuelos, abuelos, primos, tíos son charros. Inclusive un tío es charro – torero, a los 14 años él ya era charro profesional pagado por el gobierno del estado de Jalisco que pagaba a un equipo charro porque era la identidad de Jalisco, era la charrería al igual que el tequila y el mariachi.

Por ahí se pelea entre la historia que en Hidalgo, que en Jalisco o que en Puebla surgieron los primeros charros. Sí está reñida la competencia porque datan de la misma fecha.

Y en esa foto (señalando hacia aquella pared) están los Charros de Tepa, asociación fundada por el 1947. Mi papá fue fundador de los Charros de Tepa junto con otros compañeros, don Leopoldo Franco, don Cenobio Barba, don José González Aceves y su hermano Victoriano González que los conocían como “los muditos”, uno de ellos es pintor, pinta muy bonito, don Victoriano que todavía vive.

Se me escapan los nombres, como Filomeno González, algunos de ellos creo que no viven ya. A mi papá le tocó que le hicieran su homenaje en vida y fue de los últimos fundadores que siguieron activos.

Carlos González fue el primer presidente de la Asociación ya constituida como tal, era vecino de Atotonilco el Alto, porque en el Tepa viejo pues venían a charrear de la región, la Asociación se hizo con charros de la región, llevaba el nombre de Tepa porque era la cabecera. Estaban del Valle don Cenobio Barba, don Manuel de la Torre. De Atotonilco don Carlos González. De Acatic creo que estaba “El Manchado”, de Capilla de Guadalupe venían los Franco, Rafael, Salvador y Miguel. De aquí de Tepa había varios. Estaba un primo, Adalberto de Loza Barba, sobrino de mi papá. De mi familia podemos nombrar a mi papá Servando de Loza Plascencia, Arnoldo de Loza Gómez y su hijo Juan Manuel Gómez. Mi tío Vicente Gómez, papá del matador de toros Eliseo Gómez “el Charro” que todavía vive. Mi tío Leopoldo, hermano de Eliseo.

Por parte de los Gómez, todos una dinastía de charros, unos más destacados que otros, por ejemplo, mi tío Leopoldo, platican los charros don Aurelio Franco que todavía vive, hermano de don Horacio que acaba de morir, platicaban ellos que mi tío Leopoldo jineteando un toro se tomaba una cerveza. O sea que era tan bueno jineteando que lo veían, le daban una cerveza y le decían ‘móntale a ese toro’ y reparando el toro y él tomándose una cerveza. Era una exhibición, un espectáculo.

Y a ellos los contrataron para lazar ganado y vacunarlo cuando fue lo de la fiebre aftosa, pagados por el gobierno de México porque eran hombres muy de campo, muy buenos.

Charros de Tepa fue invitado por Camiones de Los Altos a charrear a San Antonio, Texas donde estaba la fábrica de autobuses que surtía a aquella empresa.

Entonces se fueron a charrear a San Antonio y ganaron la competencia; en ese entonces estaba de presidente de la República el licenciado Miguel Alemán. El alcalde de la ciudad les hizo un recibimiento y le entregaron la llave de la ciudad al presidente Leopoldo Franco.

Tienen mucha historia Charros de Tepa, en su momento llegaron a ser campeones nacionales, fueron muy destacados. Fue campeón de manganas a pie don Manuel de la Torre, vecino de Valle de Guadalupe de la Hacienda La llave que todavía vive él. Todo un caballero, un charro.

La Asociación de Charros de Tepa es como una madre que parió la Asociación de Charros La Alteña, la de Valle de Guadalupe, la de Capilla de Guadalupe, y el Lienzo Charro de Juan Antonio Casillas y la de Tierras Coloradas ya salieron de La Alteña. Se vino desgajando esa naranja de Charros de Tepa”.

¿Qué significa para usted ser charro?

“Bueno, como yo crecí en familia charra, pues lo siento como parte de la esencia de la familia, del trabajo, la faena del campo. La charrería es la destreza con lo que se manejaba la vida del campo, herrar un caballo, tuzar una yegua. Entonces uno ya no lo vive en el campo sino que se practica más en los lienzos charros.
Para mí, ser charro es ser parte de una familia, la familia charra. Es la identidad de México, es un deporte muy varonil, el atuendo, las suertes, las corridas son de golpe, destreza, de valor, de gallardía y de caballerosidad. Mucho respeto. A la usanza antigua había una educación donde el caballero se levantaba, cedía las sillas a las damas, a las familias, a los niños.

Ahora se desprestigió un poco el charro con las películas porque se lo mostraba como un borracho, el charro que tomaba, que triunfaba en todo gracias al alcohol.

La charrería no tenía nada que ver con el tequila, pero como era de Jalisco empezaron a asociar, el charro borracho y no, no. El deporte de la charrería es el deporte nacional, es muy respetable, es ser caballero y tener una educación muy campirana”.

En otra de las fotos, una en blanco y negro, un señor se me hizo conocido y no me quedó de otra más que preguntarle. Era Jorge Negrete ¡Ya decía yo!, pero reconozco que un poco de vergüenza me dio no saberlo a la primera.

“Jorge Negrete venía mucho a Tepa a visitar a Leopoldo Franco, eran muy amigos don Leopoldo y Jorge y los Charros de Tepa. En una de las charreadas se tomó esta foto.

Otro de los que venía mucho era el cantautor Paco Michel, él compuso El aventurero, Las mariposas, Ay Chabela. Pues varios personajes pasaron por Tepa.

Jorge venía porque le gustaba estar en Tepa, principalmente venía a las charreadas y a convivir con los amigos.

Vicente Fernández también viene seguido a Tepa, él tiene parientes aquí. También venía un publicista muy famoso, Everardo Camacho Mora, tepatitlense, de mucha visión. Y doña María Elena, cariñosamente Malena Lucio que fue quien trajo la primera escaramuza a Tepatitlán”.

Y en la misma pared, otras fotos mostraban a los toros y toreros. Podría decirse que allí estaba resumida la vida y pasión de Tolano.

“El rancho de mi papá estaba pegado a una ganadería de toros de lidia, de don Lucas González Rubio. Ahí se hizo don Manuel Capetillo Villaseñor, torero jalisciense. Al faltar sus padres él fue vaquero y se metió de torero. Don Valentín Ribero Azcárraga es dueño de la ganadería de Valparaíso y don Lucas lo apoyaron mucho en su carrera, se pasaba toda una temporada toreando en la finca y llegó a ser el mejor muletero del mundo.

Después de don Manuel Capetillo no ha salido otro torero en Jalisco. Estuvo Pepe Ortiz ‘El orfebre tapatío’ que también fue una figura. De aquí de Tepa tuvimos a José Loreto González López ‘Carnicerito’ que trascendió mucho porque cruzó las fronteras, ponía sus banderillas cortas en tablas”.

¿Cuándo usted era un niño y veía a su papá, quería ser cómo él?

“Sí, mi papá es y será mi ídolo. Siempre me gustó, por el entorno donde uno crece. Mi papá era un hombre con buena filosofía, un buen padre, buen ejemplo, un charro destacado, un caballero, un amigo. Tenía mucha simpatía. Yo más que nada heredé de él las relaciones, las amistades, ganaderos, gente aficionada a los toros, comerciantes; en el medio que él se movía me quedaron sus amistades porque fui el único charro de mi familia, mis hermanos siguieron otras disciplinas, otros deportes, y donde llego algunos todavía me dicen Chamanito, ahora mi hijo es el Chamanito, Servando tercero.

¿Recuerda la primera vez que se subió a un caballo?

“No tengo uso de razón de cuando me subí a un caballo pero sí de cuando me soltaron un caballo solo ya en la silla, cuando agarré la rienda. Hasta compuse un huapango sobre ese momento.

Resulta que por aquel entonces don Lucas González Rubio no asistió a la ganadería, y el día que no fue me dicen ‘te vas a ir montado en el caballo del ganadero’. Se me hizo muy emocionante, algo muy especial que lo voy llevar como un recuerdo, algo que me impactó, fue muy impresionante.

Fue una mañana fría, sería como en octubre con una luna muy bonita, el Lucero de la mañana. Llegamos de la casa a la hacienda y ya estaba el caporal, los vaqueros ensillando caballos, echando pasturas y de ahí fuimos al campo bravo.

Fue la primera vez que anduve en el campo bravo solo en un caballo, junto a los vaqueros, el caporal y mi papá. Estuvimos ahí junto a los toros, dándoles de comer en la pila junto al agua y de ahí nació un huapango, una narrativa con poquito de rima.

Temprano por la mañana
y por la mañana temprano
allá por el cerro la luna se va escondiendo.
Sus reflejos, ya se perdieron
alegres cantan los gallos.


Temprano por la mañana
y por la mañana temprano
de sombrero ancho y gabán
los vaqueros y el caporal
ensillaron ya sus caballos
Y echando a la cabeza de su montura
el costal de pastura
de la hacienda salimos


Por un ancho callejón de viejo jacales
de rojos tejados hechos
al campo bravo se dirigieron
debajo de viejos robles
esperan los toros inquietos y nobles
la pastura que lleva el vaquero al abrevadero…

Y así va la reseña a modo de rimas, tipo huapango porque me impactó mucho esa madrugada. Fue tan soñado, tan esperado. Y fue sorpresivo, ‘que te vas en el caballo de Don Lucas porque hoy no vino, vas a ir al campo con nosotros’. Sería como a los 12 años”

¿Recuerda qué caballo era?

“Lo conocíamos como El mascarillo del ganadero. Era un caballo muy manso, era frente blanca, alazán, pero medio penco. Le pegabas tú y caminaba muy despacio. Eso fue lo que vi, me impactó y me emocionó. Yo me sentía soñado, parte del equipo de los vaqueros o como un visitante invitado en el caballo del ganadero. No puedo explicarlo, solamente viviéndolo se puede sentir.

¿Sigue en la charrería?

“Sí, pero como inactivo. Me retiré un poco por cuestiones de trabajo pero sigo siendo socio, tengo mis caballos, mi criadero. Yo los amanso, desde que nacen los muevo, los manejo, los acaricio, los peino. Le llaman ‘pegar a la piedra’ para que se enseñen a ser dominados, lo que es la baja escuela. Entonces, ya de ahí, los mando a arrendar con rienda charra.

Yo soy aficionado práctico, todavía toreo. Me invitan a la ganadería de San Mateo o a El Aguacate con Octavio y Lucila, todavía le salgo al toro pero ya me dan becerras (se ríe) pero sí le salimos todavía a mi edad. Cuatro o cinco veces al año toreamos, entre festivales, sentaderos y ambiente en el rancho, hacemos una comida con el pretexto de dos o tres becerras que nos presta Gonzalo Lozano o compramos por ahí algún desechito.

Es un gusanito, el veneno. Con los toros, aparte de la adrenalina está el riesgo, hay mucho arte, la plasticidad, la música, la poesía.

Si se ve como un detractor de la fiesta o como un circo, pues hay que explicar que si al toro no se le hace sangre con la vara le da un infarto. Se descongestiona el toro, la gente que sabe manejar ganado cebú por ejemplo, cuando se acalambra el animal le hacen una cortadita con la navaja en la oreja, donde caigan dos o tres gotas de sangre, se descongestiona y se le quita lo acalambrado.

El toro es un animal muy irritable, se enoja, se enciende; puede morir de un infarto. Entonces se le hace sangre para que pueda dar un buen juego, si al toro le falta vara queda ‘crudo’, queda áspero. Se ocupa ser muy poderoso y conocer mucho de la lidia para lastimar la espina dorsal.

Es todo un arte, yo tengo muchos años de ver toros y aún creo que no sé nada”.

Yo quiero creer que las carreras parejeras, a lo mejor estoy equivocado, pero las carreras parejeras de dos caballos en 300, 400 varas, los palenques de gallos, las charreadas y la fiesta de toros es la misma familia. El que no encuentra a uno en el palenque lo encuentra en la plaza de toros, en el lienzo charro o en el carril”.

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