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El mexicano, si es medio afortunado de seguro acude a los servicios de salud del IMSS, ISSSTE o algún otro hospital administrado por el gobierno; si es muy afortunado entonces puede darse el lujo de acudir a una clínica privada o si es poco o nada afortunado batallará mucho para encontrar atención médica sin menoscabo de su economía.

En el IMSS, que opera con recursos del gobierno y de los patrones y derechohabientes, primero está el bienestar de los empleados y en segundo lugar la comodidad y atención de los derechohabientes y beneficiarios.

Si alguien debe acudir ese lugar, antes, durante y después de la atención, deberá echarse varias vueltas, a donde lo manden los empleados, que para ver “si está vigente” (‘vigenciar’ le llaman ellos), que a la dirección a que le firmen el papel, que con el guardia a ver si ya tiene todos los papeles y entonces así poder irse del hospital -como si tuviera uno ganas de quedarse más tiempo- y así por el estilo.

Si se quiere una consulta con el médico familiar, hay que pedir una cita para dentro de dos semanas, un mes o más, pero si la dolencia ya está presente y urge atenderla, hay que madrugar para acudir a los consultorios, pedir una cita para ese mismo día (horas más tarde, no en ese momento) y contar con mucha suerte porque solamente hay unos pocos turnos y decenas de personas solicitándolos.

Me tocó ver una vez un señor joven, alto y de aspecto saludable, gritarle airadamente durante varios minutos a un hombre de la tercera edad, ya que estaban discutiendo por una cita, a ver a quién se la daban.

El personal del Seguro está consciente de las carencias y deficiencias con las que trabajan, pero ninguno se atreve a decir que ellos mismos son parte del problema, pues gran cantidad de los recursos que el gobierno y los derechohabientes canalizan al seguro van a dar al mantenimiento de la gran burocracia sindicalizada que históricamente ha tenido copada al IMSS.

Las vigencias, autorizaciones, otorgamiento de citas y cuestiones de ese tipo es un trabajo que perfectamente puede hacer una computadora, pero hay que darle trabajo a todos esos sindicalizados, ¿qué hacer?, inventar todos esos puestos inútiles y deficientes.

El IMSS nunca eliminará esos puestos ni modernizará sus procesos pues no quiere echarse encima al Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social.

El IMSS es un grupo de burócratas sindicalizados (con todas las connotaciones que puedan aplicarse a estas dos palabras), tratando de curar a la gente, así como el SNTE es un grupo de burócratas sindicalizados tratando -¡ja!- de educar a nuestros hijos.

Los sindicatos nacieron para proteger los intereses de sus agremiados y nada más; no buscan servir a la población ni ser más eficientes con el patrón, que es casi siempre el gobierno.

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