>Por Ana Paula de la Torre Díaz
Después de que la semana pasada muriera en un enfrentamiento con la policía federal, el más alto capo del cártel de “La Familia”, Nazario González, pasaron cosas de ésas que caracterizan a nuestro México. Al día siguiente y los subsecuentes, manifestantes partidarios del propio cártel, salieron a las calles a manifestarse a favor del fallecido y a pedir que la Policía Federal saliera de tierras michoacanas, a lo que ellos llamaban: “Los verdaderos opresores”.

Era de esperarse que dijeran eso, más aún cuando son personas que recibían apoyo de diversas formas por parte del capo. Pero algo saltó a la vista, algo que se hizo público y es preocupante. Cuando fue anunciada la muerte, fue transmitida una grabación hecha por Nazario antes de morir, para que en caso de hacerlo, sus seguidores tuvieran un apoyo moral para seguir adelante con la organización del cártel y la forma de vida que éste les brindaba tras apoyarlo.

Eso es normal, pero había algo en la grabación que saltó a la atención de muchos. El capo repetía en contadas ocasiones que lo que el gobierno federal estaba en realidad haciendo, era dar paso a los zetas en la región. Lo decía no como noticia, o declaración, o anuncio alertante, no, lo decía normal, con naturalidad, para que sus partidarios no dejasen que eso sucediera.

Parte del discurso federal en la guerra tan mencionada del narco, es que han agarrado capos en parejo, de todos los cárteles y sin desbalanceos. Aún así, (si lo que dice Nazario es verdad), existe un gran peligro en que para desarticular a otros cárteles den prioridad a uno, eso pasó en Colombia, con el caso Pablo Escobar.

En relación a lo anterior, el profesor del ITAM e investigador Edgardo Buscaglia, publicó hace una semana el informe encargado por la ONU sobre delincuencia organizada del país. Parte de sus conclusiones es que cuando en 2008 el crimen organizado estaba infiltrado en el 34% de los municipios, en 2009 ya había subido a 68, para en 2010, crecer a un 73%. En realidad el crecimiento más duro se dio de 2008 a 2009, pero aún así, una cifra de 73% representa casi un estado fallido en teoría, sobre todo si consideramos que en los estudios que ha hecho Edgardo concluye que siempre, siempre, cuando han trabajado en el tema, han encontrado que cuando hay policía local inflitrada en delincuencia, hay inevitablemente, complicidad política, siempre.

Las propias fuentes de inteligencia militar en el país nos indican que “entre 55% y 65% de las campañas políticas mexicanas, dependiendo de la región en México, están siendo infiltradas por grupos criminales, y no se puede explicar la mayoría de los fondos que se están utilizando para financiar estas actividades políticas”.

Es decir, la reciente reforma electoral de 2006, se ha quedado corta a la infiltración de grupos criminales. Si como el difunto de “La familia” declara, el gobierno federal está dando paso a un solo cártel para quitar poder a los demás, y luego abatirlo a él solo, podemos estar ante un peligro enorme, ya que el poder que dicho cártel apoyado puede ganar podría rebasar la estructura gubernamental nacional, sobre todo cuando su presencia local rebasa el 73% de los municipios y esa infraestructura de capital humano a nivel local, está indudablemente apoyada por autoridades locales. Sumando a ese capital humano quién sabe cuántos nuevos políticos que fueron apoyados en sus campañas gracias al poder que el mismo estado permitió que creciera en el cártel apoyado, con el pretexto de hacerse cargo de los otros cárteles primero.

Entonces sí, nos encontraríamos ante una narcopolítica tajante. Tal como llegó a suceder en Colombia.
En fin, esas grabaciones de Nazario dan mucho qué pensar, sumado a la infiltración local que en términos históricos el narco nunca había tenido y a las cifras preocupantes que los propios militares señalan, sumado también, a una reforma electoral que al parecer, se quedó cortísima.

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