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 ¡Hola! Después de 14 días, estamos nuevamente con ustedes para comentarles que en estos días navideños decidí salir a realizar un recorrido por el estado de Tabasco, no puedo negar que sentía un cierto temor por lo mucho que se dice de los asaltos e incluso del ejército en los retenes por los llamados daños colaterales, sin embargo fue más fuerte el deseo de llegar a mi tierra y celebrar con mi familia el cumpleaños 83 de mi madre, por lo que empaqué mis cosas y salí de Tepatitlán a las 5:10 de la mañana, lo cierto es que entre más kilómetros que recorría el temor se iba desvaneciendo, sobre todo cuando llegué a la autopista de Querétaro a Puebla, una excelente autopista que te quita el engorroso problema de pasar por México y lo más importante, te ahorras unas dos o más horas de viaje, era increíble que en menos de seis horas yo estuviese entrando a Puebla, en este lugar me acordé de mi amigo Jorge Gutiérrez quien me encargó unos dulces de camote de Santa Clara, más adelante crucé la cumbres de Maltrata, tan hermosas como imponentes, hasta bajar a Ciudad Mendoza, Orizaba y Córdoba y el paisaje se tornaba cada vez más verde, pues es el sureste mexicano el lugar más húmedo y verde de nuestro país; después de 9 horas de estar manejando le pasé el volante a mi hija Cecilia, quien me ayudó por lo menos dos horas y cuando el reloj marcaba arriba de las 5 de la tarde, vimos el ancho río que divide a los estados de Veracruz y Tabasco y nos llenó de una inmensa alegría el ver las carreteras llenas de árboles, palmeras, ríos y lagunas, pues después de un largo recorrido habíamos llegado al lujurioso estado tropical tabasqueño, lo cierto es que después de doce horas de viaje no habíamos encontrado ningún retén, el primero de ellos lo encontramos precisamente entre los límites de ambos estados, ahí los soldados nos hicieron una seña de que siguiéramos nuestro camino y de ahí rumbo a la siempre bella Villahermosa, una ciudad que se niega a morir bajo las aguas y a pesar de que cada año es atormentada, maltratada por las lluvias, ésta después de hacer sus estragos, se retira y la ciudad se vuelve a levantar orgullosa y tan hermosa como siempre, esa noche dormimos en la capital tabasqueña, que a diferencia de otros meses calurosos, en esta época era más fuerte el frío y extraño se veía a los chocos cubiertos con chamarras; al día siguiente mi cuñado Martín me invitó a desayunar una posta de robalo, para mí, el pescado más sabroso del país y una empanada de pejelagarto… Pero nuestro viaje no había terminado, seguimos nuestro camino a Villa El Triunfo, mi pueblo natal, éste es un recorrido de aproximadamente 3 horas, no sin antes pasar a Bajada Grande a comer naranjas chinas, exquisitas y dulces como pocas y unos platanitos fritos, esto fue más que suficiente y el viaje siguió hasta llegar a mi pueblo en donde lo primero que hice fue visitar a mi madre, al llegar vi a mi santa progenitora caminando al baño con pasos lentos, delgada y casi con la vista perdida, sin embargo, al tocar mi rostro me preguntó quién era y le contesté “tu hijo Manolo”… ¿Manolo, eres tú? Y me abrazó y me llenó de besos… suficiente para que las lágrimas me traicionaran… Bueno, qué más puedo decir, sólo aprovechar dos cosas, felicitar a mi buen amigo Jaimons que este fin de año cumple un siglo más de vida y desearles a todos y cada uno de ustedes un FELIZ AÑO NUEVO y que Dios Nuestro Señor bendiga cada uno de los hogares de nuestro bello país y como todo tiene un final, no me queda más remedio que decirles que aunque se escondan bajo las piedras, siempre estarán En la mira…

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