>Por Ana Paula de la Torre Díaz

El sábado pasado, la noticia de helicópteros sobrevolando la capital del estado de México preocupó a muchos. ¿Eran policías movilizados por el crimen? No, eran los politiquillos del PRI que fueron a una reunión de partido…

Ya, no se trata de colores. Pero de repente uno puede identificar prácticas que caen en lo vulgar como el asunto anterior. En realidad la cuestión no hizo mucha noticia, pero quedé impactada. Volvamos a los hechos, las aeronaves transportaban a algunos de los invitados a una reunión partidista que organizó el gobernador del Estado de México, el “despampanito”, Enrique Peña Nieto…

¿Qué hay de grandioso, nuevo o digno de mencionar en lo anterior? Eso, que no haga noticia el hecho de que un séquito de politiquillos haga uso de helicópteros para ir a una simple y llana reunión de partido. ¿El motivo de la junta?, una linda reunioncita con motivo de fin de año…

Es absurdo, que a estas alturas de la historia, funcionarios de nivel no tan prioritario, (estamos hablando de que los invitados y asistentes a la reunión fueron gobernadores priistas en funciones o electos, diputados, senadores, presidentes de partido, etcétera) utilicen medios tan lujosos como éstos, que sólo se podrían justificar con razones de seguridad a la integridad personal pero que de cualquier forma, no por volar por “Volaris” atentarían contra la misma, es un hecho.

Natural es que un presidente de la república utilice un helicóptero por las agendas apretadas que maneja, que lo haga para asistir a hacer una revisión de algún desastre natural como lo hubo en Veracruz en meses pasados, o por la cantidad de reuniones que puede tener en un sólo día, que lo haga el secretario de gobernación en alguna emergencia, el de salud, también, ok, funcionarios de primer nivel. Pero que el séquito Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Francisco Rojas y demás compatriotas lo hagan para asistir a una simple reunión de partido (así se hable de asuntos importantes), no tiene justificación alguna. ¿De dónde provienen los helicópteros?, ¿quién los paga?, ¿con qué dinero? Bueno, si se los prestan sus compadres ricos va, pero aún así no es normal que algún ricachón preste helicópteros y sea “tan buena gente” si no tiene intereses cumplidos en los estados, o en las legislaturas, o en lo que sea que sea…

No podemos permitir que la clase política mexicana se siga sintiendo de la realeza, no lo son, y no es justo que utilicen medios tan caros y lujosos sólo para atender a un compromiso de partido. Es necesario que esto nos escandalice, porque no debemos verlo como normal, porque no lo es…

Este asunto del helicóptero es sólo un asunto simbólico de lo que ya no podemos tolerar. El primer paso para que las cosas realmente cambien, es que nos importen, que nos indignen, y que hagamos algo porque se enteren de nuestra indignación, aunque sea pequeño, algo. Cada quien con lo que le indigna, cada quien hace algo para que se enteren de su indignación. Pensar que nada va a cambiar no sirve de nada. Y todo esto nació desde el simbólico helicóptero. ¿A ti qué te indigna?…

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