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…y pecaron de omisión

Le pregunté al Director de Obras Públicas qué falló en la reconstrucción del Bulevar Anacleto González Flores.

¿Por qué se está desbaratando?

Le pregunté lo mismo a la alcadesa Cecilia González.

¿Qué van a hacer para resolverlo?

Le preguntaron a un especialista lo mismo

¿Quién (no) hizo la obra?

Los regidores actuales están de acuerdo en que se investigue. En que se aclare, en que se llame a cuentas.
¿Quién va a reponer el daño?

Ante tantas preguntas y una obviedad, sólo ha corrido tinta y saliva. Y con ninguna de las dos se podrá reparar el bulevar.

Según los estudios -autopsia, porque está muerta- la obra del bulevar Anacleto González es la mayor vergüenza en infraestructura que cualquier ingeniero o arquitecto puede poner en su currículo.

Si algún gobierno o empresario quiere echar a perder su dinero, si quiere una obra con todos los procesos precisos para que su construcción se desbarate, deberá recurrir a esos expertos, especialistas y poderosos que hicieron, a capricho, esa obra.

Acostumbrados a la hegemonía con la que se hicieron muchas cosas, muchas obras, muchas compras, las autoridades de los últimos años en Tepatitlán quisieron dejar constancia de cómo no hacer la obra pública.

Obras costosas, simuladas en su contratación, con servicios deficientes de proveeduría, sin asistencia técnica correcta.

¿Cuántas obras se hicieron sin la mano de expertos?

¿Cuántas compras y contratos se dieron sin exigir reglas, calidad o estándares?

¿Quién mandaba o decidía a quién si, a quién no comprarle?

Falló la tierra, el acarreo de materiales, la colocación de bases, sub-bases, rasantes, drenes, colectores, concreto, gravas, aceites, emulsiones. Sí, si fallaron todos esos ingredientes. Pero también fallaron los ingredientes humanos. Esos materiales no se pusieron solos, debió haber un chofer, un operador de maquinaria, un proveedor de concreto, un banco de material, un dotador de emulsiones.

Por qué no buscamos, entre los expedientes, quiénes decidieron las compras, quiénes limitaron los estudios y los laboratorios. Por qué no buscamos las facturas, los cheques.

Por qué no le preguntamos a la Auditoría Superior en qué basó su dictamen para “liberar” las cuentas de esas obras. ¿Y los diputados conocieron de esas calidades, de esos diagnósticos?

Es un tema muy preocupante, pero más preocupante sería la discreción, el intercambio de cuentas entre grupos políticos.

No es que se quiera a nadie en la cárcel; pero tampoco se vale el derroche y el descaro. ¿O sí?

La obra no sirve. ¿Siguen los mismos proveedores?

La obra no sirve. ¿Seguirán la misma mecánica de obra directa?

La obra no sirve. ¿Qué hará la autoridad para solventar esa falla?

Hay obras inútiles, hay funciones idem…

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