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+ San Diego de Alejandría elige por
Patrona a La Inmaculada Concepción

Por Óscar Maldonado Villalpando
Todos dijeron auna, como en fuente ovejuna…

Y un 29 septiembre de 1837, el día de San Miguel, se iniciaba la etapa definitiva en la conformación del pueblo de San Diego de Alejandría, Jalisco. Entidad perteneciente a la región Altos Norte. Se ubica entre Arandas y Lagos de Moreno. Las cosas definitivamente no empezaron en esta fecha. Ya venían de mucho antes. La comarca era, casi por naturaleza, zona limítrofe, entre las mismas tribus del centro y del norte. Guanajuato y Michoacán y La Gran Chichimeca, con Nochistlán y la región occidente. Este territorio se asoma al Bajío desde la altura.

Precisamente, al cerro que delimita Jalisco y Guanajuato se le nombra el Palenque, que significa eso, murralla o fortaleza. Ahí llegaron familias españolas y se establecieron felizmente en un paraje encantador que transformaron en huertas y estancias para el ganado y en campos de sembradura o sementeras.

Por entonces la Hacienda de Jalpa de Cánovas, cobra gran importancia cuando se establecieron estas figuras de tenencia de la tierra. San Diego, que entonces se nombraba como San José de la Laja, tenía buena parte de su territorio en dicha hacienda. Grandes propiedades escapaban a ese dominio, pero como quiera, había mucha interacción entre ambas entidades. Cuando de atención espiritual se ofreció, después de Lagos, fue de Jalpa de donde se recibía tal auxilio.

Es justo decirlo, un párroco de Jalpa, Alejandro Navarrete, en esos años de 1837, cobró gran cariño por esta cofradía. Entendemos que la consideraba más sana, más libre que las pesadas estructuras de las familias altivas de los hacendados. Esta sería la clave para la fundación y primer desarrollo de San Diego. Don Alejandro, el buen párroco, secundó el sentir de esta congregación. El mismo tramitó ante la licencia para hacer un templo en forma y recibir los cuidados espirituales con más dedicación. Decimos espirituales, pero bien sabemos que un hecho de tal naturaleza disparaba el futuro de la comunidad.

Algo significativo fue que en las pláticas previas, los vecinos dijeron, por aclamación, que les parecía bien cambiar el nombre de San José de la Laja, por el de San Diego de Alejandría. Nombre práctico y modernista, que conservaba la memoria del obispo benevolente, Diego Aranda y Carpinteiro, de Alejandría en honor al señor Cura bienechor, don Alejandro Navarrete y don Alejandro Moreno que fue el donador del solar, toda la manzana que se dedica a cosas de la Iglesia, y además al maestro de obras, Alejandro Heredia. Un Diego y tres Alejandros es la clave del nombre.

También llama la atención el hecho que los feligreses, expresaron su deseo que su patrona fuera La Inmaculada Concepción. Lo interesante es que este nombre y el dogma o definición en que se apoya no había sido recocido oficialmente. Todavía la Iglesia y el Sumo Pontífice no habían definido La Inmaculada Concepción que sería hasta la mitad del siglo; así que cabe a este pueblo el honor de haber hecho su pública manifestación de esta fe.

Esos primeros años se festejaba por el día del aniversario, 29 de septiembre. Pero una vez establecida la fiesta oficial de La Inmaculada, la celebración grande sería el 8 de diciembre. Todo el final del siglo XIX San Diego tenía su fiesta este día señalado. Pero un día en consonancia con el párroco en turno, entre todos acordaron que sería conveniente trasladar la celebración exactamente un mes. Y así surge desde las postrimerías del siglo esta fecha señalada, “EL 8 DE ENERO” así se ha vivido todo el siglo XX y así continúa. Y son cosas que se deben tener en cuenta porque hacen la historia y son constitutivas del ser de un pueblo.

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