>Por Ana Paula de la Torre

Las acusaciones a la exgobernadora de Zacatecas son graves, desde contratos millonarios para contratación de artistas, falsificación de facturas y un endeudamiento del erario público que pasó de 200 millones a 5 mil millones de pesos.

Muchos dirán que es pan de cada día y nada tiene de nuevo el descubrimiento de irregularidades a la salida de algún funcionario público de cualquier nivel. Sin embargo la noticia que ha dejado perplejos a muchos desde septiembre pasado y con énfasis en los últimos días, ha tomado más trascendencia que los casos habituales de corrupción por una simple y significativa razón. En esta ocasión el contralor del estado es nada más y nada menos que un militante perredista al igual que Amalia, quien fue en su momento secretario de finanzas en la administración gubernamental del senador Ricardo Monreal , quien a su vez es fiel amigo y cercano de por vida de Andrés Manuel López Obrador.

Aquí el asunto es que no es tan lógico que se trate de un ” linchamiento político” como argumentan la exgobernadora y su hija Claudia ( quien actualmente es dipuitada federal), ya que el propio contralor, quien hace las acusaciones y quien argumentó en días pasados que los trapitos al sol que han salido, forman parte de sólo el 2% del presupuesto total que se asignó al estado; es de su mismo partido, y un allegado innegable a personajes que son base simbólica del mismo.

Quién sabe cuántas anomalías más florezcan mientras terminan las auditorías, fiscalizaciones e investigaciones totales. Resulta poco creíble que no sólo el gobernador electo, el priista Miguel Alonso Reyes, sino analistas que a lo largo de su sexenio denunciaron un gobierno marcado por nepotismo, vacío de poder y una severa crisis de identidad ideológica, sumado al propio contralor estatal Guillermo Huízar, quien es propiamente perredista, la acusen de despilfarros que entre los miles que suceden día a día en nuestro país, llaman la atención de manera singular, y para que esto suceda, es ya propiamente un asunto de notable gravedad…
La contratación de artistas por 102 millones de pesos: 17 millones para Plácido Domingo, 15 millones para Alejandro Sanz, 8 millones 900 mil para Juan Gabriel, entre otros. Ni sumando los presupuestos de los 22 municipios zacatecanos más pobres se alcanza esa cifra, advirtió el contralor.

El funcionario también confirmó que, con base en peritajes realizados por la Universidad de Zacatecas, se comprobó que hay falsificación de facturas; que en consulta con Cemex se acreditó el sobreprecio de productos, y que se contrató un crédito bancario por 300 millones de pesos al margen del Congreso estatal.
“Zacatecas está en el último lugar del índice de desarrollo humano; tenemos comunidades sin drenaje, sin electrificación, sin agua potable, y sí hay esa sensación de agravio”, declaró.

Lo cierto, es que al parecer el asunto está cobrando fuerza, y aunque la decisión sobre llevar o no el asunto a términos penales no le toca a contraloría pública sino al Ministerio de la entidad, sería una suerte que por primera vez los intocables gobernadores llegaran al punto de tener cargos penales en su contra, que si bien tal vez no pasaría a términos de cárcel, por el momento histórico que atraviesa nuestro país, (para ser realista) sería completamente negativo en cualquier aspirante a seguir con una carrera política.

Lo que sí es que las auditorías cobran cada vez mayor fuerza, y los proteccionismos partidistas que eran cosa casi imposible de erradicar, hoy tienden a disminuir no por voluntad buena del sistema, sino por la propia alternancia política en cada estado. Cada vez es más común que un partido diferente desplace al anterior en cada elección, y aunque esto puede resultar negativo por la falta de continuidad de proyectos de administraciones pasadas, también puede propiciar la transparencia por la propia competitividad electoral.

Sin lugar a dudas la alternancia tiene cosas buenas, y haber cómo le hace Amalia para quitarse este problemita de encima, ya que la noticia tiene por lo menos dos meses sin bajar de tono. Buenísimo si lo vemos en términos de transparencia y malísimo en términos de los que votaron creyendo que una mujer podía marcar la diferencia.

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