>Por Jacquelinne Villa
(estudiante de Comunicación)

Temacapulín se encuentra entre cuatro cerros, delegación de Cañadas de Obregón, a 132 kilómetros al noroeste de Guadalajara.

Sus habitantes viven con el temor de que uno de sus derechos fundamentales se vea violentado por su propio gobierno, el derecho a la vivienda.

“El Zapotillo” es un proyecto de presa que se localizará sobre el Río Verde, entre Yahualica y Cañadas de Obregón, Jalisco. La presa es promovida por la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) y los gobiernos del Estado de Jalisco y Guanajuato con el objetivo de abastecer de agua potable durante los próximos 30 años a la ciudad de León, la región de los Altos de Jalisco y la ciudad de Guadalajara. Es desde el año 1997 que la presa “El zapotillo” surge como una propuesta entre las dichas entidades involucradas.

El problema comienza con la posible localización de la presa. Temacapulin, Palmarejo y Acasico, donde viven aproximadamente 800 personas, que tendrán que ser inundados para hacer posible la construcción del proyecto de CONAGUA. Las comunidades afectadas exigen al Presidente del Consejo Directivo de Sapal, Jorge Videgaray y a demás autoridades de Guanajuato, Jalisco y la Comisión que los visiten personalmente para que conozcan de manera directa los argumentos por los que se rechaza el proyecto de la presa El Zapotillo.

A tal invitación la CONAGUA respondió diciendo “En caso de que la gente no quiera vender, se expropiará”. Emilio González Márquez dijo durante una reunión con habitantes de la zona afectada que si más del 50% de la población se oponía a la presa, ésta no se iba a construir. Sin embargo el ejecutivo se metió en problemas al prometer y después darse cuenta de que en realidad más de la mitad de la población rechaza la construcción de la presa. Emilio terminó por lavarse las manos echándole a CONAGUA toda la responsabilidad del proyecto.

Según lo que documentos oficiales dicen –los cuales no son muy confiables en la actualidad-, Conagua invertirá 200 millones de pesos en la compra de terrenos. Para los afectados hay dos alternativas: “vender casa y tierras, o que los reubiquemos… Les vamos a dar una casa con modernidades y mejoramientos urbanos”. Los habitantes de Temaca, Palmarejo y Acasico siguen sin saber sobre su destino.
A algunos pobladores se les ha ofrecido 10 mil pesos por todo su terreno, precio absurdo para los grandes tamaños de las propiedades, pero a la mayoría de la población no se le ha dicho nada. Ellos saben lo que saben por los rumores de entre la gente y por lo poco que se ha hablado del tema en los medios de comunicación.

Los afectados siguen haciendo su vida luchando porque no se les reubique. Es una pena que su gobierno no los apoye mientras otros organismos internacionales sí lo hacen. Lo único que les queda ahora es seguir impulsando proyectos de desarrollo comunitario y autogestivos para darse a conocer y recibir la atención que se merecen. Por lo pronto, sus peticiones no son escuchadas. El gobierno ya comenzó con la construcción de las nuevas viviendas para los afectados.

“En los últimos 50 años, no conocemos un caso en que las comunidades tengan mejores condiciones de vida después de ser reubicadas como consecuencia de una presa” asegura Marco Von Bortel, del Instituto Mexicano de Desarrollo Comunitario y del Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos.

Además de las consecuencias negativas que tendría para más de 800 personas, la construcción de la presa “El Zapotillo” repercutirá en el ambiente. José Arredondo Figueroa, investigador del departamento de hidrobiología de la Universidad de Jalisco [sic], hace hincapié en que “en México no ha existido una política de uso y manejo adecuado de las presas”. El 85% de ellas están contaminadas con niveles que van de “contaminación de severa a leve”.

Se estima que “El Zapotillo” tenga sólo 25 años de vida debido a la estructura de la construcción y a la contaminación de las aguas. Otra de las consecuencias es que se dañaría gravemente el corredor biológico del río Verde y áreas con gran riqueza de flora y fauna.

Un ejemplo de los ecosistemas afectados es la barranca de los Colomos, que es un entorno único en la región, por lo que el comité técnico de apoyo al caso está elaborando un catálogo de especies que serán afectadas.

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