>+ Jogle fue declarado hijo predilecto
el pasado domingo 7 de noviembre

Por Oscar Maldonado Villalpando

Lo respalda una gran historia, historia que hace la estampa de San Diego de Alejandría, a partir de un episodio singular, pero como germen que arma todo su conjunto. Decir Jogle, por uno de sus cabos hay que ir hasta la Cristera, y por ese hilo llegar hasta los años de 1920. Desde entonces el papá de Jogle, don Fortino, era un ciudadano, un católico angular.

Era cantor del templo, buen músico, por algo le decían “El Turururú”, siempre andaba como musicalizando, o también le nombraban “Chorrutos”, con todo respeto, porque además era buen carpintero y ebanista, en fin era todo a la usanza de aquellos tiempos en que el hombre y, especialmente él, era sumamente ingenioso y hábil para hacer todas las cosas.

También en Mexticacán quedaron recuerdos de su ingenio en las maderas del templo: los marcos del viacrucis y el púlpito.

Era el papá. Pero como buen mexicano y sandieguense, le gustaba tomar. Por las dos páginas fue memorable. En lo serio y en lo jocoso. Dos veces estuvo a punto de ser ejecutado por los federales, pues lo relacionaban con el templo, pero pudo librarse milagrosamente, cada pasaje es una aventura emocionante.

En una tarde de mayo, las Hijas de María hicieron complot, no iban a contestar a los cantos si don Fortino llegaba “inspirado”, preferían que cantara don Domingo Cerrillo –el historiador- o Juan Luévano.

Llegó don Fortino y nada de respuesta al Oh María… pues el señor se disgustó y gritó desde el coro: “Ah, no cantan, hijas de la tostada, pues ahora bailan… y le abrió todo al armónico con “Las Gaviotas”…

Muy Cerca del Centenario de la Independencia, el 15 de septiembre, el presidente tuvo dificultades para llegar a la ceremonia, y Fortino se subió al estrado y grito: “Viva Dios y los demás que vayan a…”
A su vez, la mamá de Jogle, era hija de un hombre muy especial de San Diego, rico al modo de entonces, de los que no daban mucho a saber por su apariencia, don Inés Estrada, tenía su tienda al lado de los portales del templo, y contra esquina del jardín y muchas propiedades, pero con una fama de “económico”, de nuevo con todo respeto. Fortino, el yerno les decía en su casa: “Miren hijos el día que su abuelito nos dé la herencia vamos a ser ricos y se van a acabar nuestras penas” Pues nada, que don Fortino falleció antes que el suegro y nada de herencia.

Jogle nace en 1931. La situación se puso difícil en el pueblo a causa de las guerras, las haciendas abandonadas, pues hubo que emigrar a León. Una vida marginal, en los barrios pobres, dice que por la calle Alemán, era un río, al estilo del de San Juan de Dios en Guadalajara, él lo cruzaba caminado sobre un tubo. Grandes episodios pasó por el barrio de La Soledad.

Un día su piadosa madre vio a los niños del Padre Silvino Robles, el gran músico, y como suspirando dijo que ojalá uno de sus hijos fuera como esos niños que cantaban en La Catedral. Jogle oyó y le nació una ilusión, de ser algo. Pasaron mil cosas. No tenía zapatos, no tenía ropita… Pero fue de los niños cantores de Catedral y participó en el gran coro Guadalupano de toda la República. De León se fue a México, a la aventura, dormía en el primer espacio que encontraba.

Por fin estudió canto y música, instrumentos. Estudió actuación, estuvo relacionado con los grandes músicos y cantantes de la época de Oro, al estilo de otro gran cantante de San Diego de Alejandría, Lino Briseño, en el Mariachi Vargas con La Malagueña, Noches Eternas y Cartas Marcadas.
Fue destacando y superándose. Empezó a componer canciones.

“Soy el ausente que ahora regresa
fue mi promesa volver aquí,
traigo en el alma muchas canciones,
pueblo de amores, son para ti.


Soy sandieguense, soy de los Altos,
canto con gusto y con alegría….

Incursionó a Europa con gran éxito. Participó en tantas iniciativas artísticas. Se casó, vivió en Toluca, con sus hijos formó el Grupo Alma de Jalisco. En otro aspecto es un “quijote” lleno de ilusiones, de iniciativas con sentido humanista, tiene mucho cariño a su pueblo. Y ahora el pueblo, sus autoridades, le han distinguido con este nombramiento, que como a otros jaliscienses, Jogle ha recibido este domingo, en su mismo pueblo, San Diego de Alejandría.

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