>Por Rubén Arias Barajas

Vaya para ustedes el saludo semanal de costumbre.

Se puso muy de moda desde el inicio del presente año, hablar de los festejos del Bicentenario de la Independencia (que por cierto no corresponde a la fecha, a la celebración, pues ésta se consumó hasta el año de 1821) pero bueno, al Gobierno actual parece ser que le urgía ser protagonista de este evento y como son los que mandan, pues ya lo hicieron.

Lo emparejaron con la fecha, ésta si, del Centenario de la Revolución Mexicana, que se supone proyectó a México al sitio en que se encuentra hora, ponderado por los gobiernos que se auto nombran revolucionarios y emanados del Partido Revolucionario Institucional cuyo papel en su desempeño bien valdría la pena analizar para aplaudirle o reclamárselo, pero éste no es el intento mío por ahora.

Más bien lo que quisiera aquí escribir, es en relación al resultado de esos doscientos años, casi, de la Independencia de nuestro país y a los cien años que han transcurrido desde que inició la revolución.

Se dice que la historia siempre la escriben los vencedores y en eso yo estoy de acuerdo, pues resulta que leyendo aquí y allá y al paso del tiempo y conversando con personas muy enteradas de las cosas que han ocurrido con nuestro país, se encuentra uno con opiniones como la de “Catón”, este brillante periodista que escribe como nadie, para mi gusto, utilizando el humor y el sarcasmo de una manera simpática y sin igual, pero escribiendo con seriedad y profundidad acerca de las cosas.

Leí un libro de ésta persona en donde habla de la vida y obra de Benito Juárez y de Maximiliano así como de Miramón y Mejía. Según la historia oficial, más difundida y conocida en las escuelas, se tiene al primero como un Ilustre Patriota y Benemérito de las Américas, impecable.

A los tres restantes, fusilados en Querétaro, por el contrario se les tiene como traidores a la Patria, según las mismas fuentes tan difundidas por la Secretaría de Educación Pública. Sin embargo, de una manera amena y con información valiosa y abundante, Armando Fuentes Aguirre “Catón”, termina concluyendo en su libro que las cosas fueron al contrario, es decir, que Benito Juárez, de estar vivo, probablemente todavía hubiera querido estar en la silla presidencial.

Por el contrario, dice que en sus estudios e investigaciones, se encontró con que Miramón, Mejía y Maximiliano, amaron profundamente a México y lo demostraron ampliamente con sus acciones, disculpando a Maximiliano al calificarlo de inmensamente ingenuo, pero bien intencionado y que fue engañado por los propios mexicanos (un grupo de ellos claro) conservadores, quienes le hicieron creer que en México sería aclamado como emperador y que le vendieron esa idea respaldados por Carlota la Emperatriz quien sí tenía realmente un ego muy grande y quería sentirse una dama de primer nivel aunque fuera en nuestro país y lo alentó a que viniera a “hacernos el favor”.

Historias como ésta se repiten cuando se habla de la Batalla de Puebla el 5 de Mayo en donde se menciona que el General Ignacio Zaragoza derrotó al Ejército Francés, uno de los mejores del mundo, pero son verdades a medias, pues sólo en una ocasión en esa fecha, logró replegarlos solamente, pues no los derrotó y expulsó del país. Ellos retomaron fuerzas, cambiaron de estrategia y luego nos derrotaron.
Se habla también de historias un poco fantasiosas o modificadas en relación a los Niños Héroes, cadetes sin lugar a duda valientes, pero muy jóvenes, casi niños, que enfrentaron en el Castillo de Chapultepec la entrada de tropas enemigas por quienes fueron arrasados y muertos en circunstancias probablemente diferentes.

Hay películas, documentales, que contradicen por ejemplo lo que la historia oficial nos dice respecto de la figura de Hidalgo, de Morelos, de Guerrero, de Iturbide, grandes hombres todos ellos y protagonistas de la Independencia de México cada quien en su papel y en su momento.

Uno puede entender que en México desde hace muchos años estamos hambrientos de tener líderes a quienes seguir. De tener héroes a quienes admirar e imitar y por eso, sólo por eso, de alguna manera puedo entender pero no justificar algunas medias verdades u ocultamientos respecto del proceder de algunos de estos grandes personajes cuyas acciones son dignas de admiración, pero conocer y comprender su lado humano, sus debilidades que todos tenemos, creo que no los hace menos, pues los baja del altar y los pone al nivel nuestro y los hace más humanos y obviamente más dignos de comprensión.

Total, a lo que me refiero, es que después del paso de tantos años, uno podría esperar que México estuviera mejor. Total, son 200 años de lucha, de sangre derramada, de esfuerzos, de experimentos, de progreso y por ello creo que México debiera estar más arriba en el concierto de las Naciones del cual formamos parte. Las razones, son muchas y tal vez polémicas y no tengo espacio aquí para hablar de todas ellas.

Me limito a pensar y desear que México esté un poco más modernizado, más educado, mas disciplinado, con mejores servicios de salud, de seguridad, de certidumbre y confianza en quienes nos gobiernan y que éstos últimos entiendan que este noble país y sus habitantes, merecen tener más de lo que ahora tienen. La distribución inequitativa de la riqueza, la corrupción, y otras circunstancias, han hecho que muchos nos hagamos una sola pregunta. ¿En estos doscientos años hemos hecho lo necesario y suficiente todas las generaciones pasadas y presentes para tener el ideal de país por el cual muchos lucharon y derramaron su sangre?

Me temo que la respuesta es no. Le quedamos a deber a nuestro país. Culpables, habemos muchos.
¿Cuándo tomaremos conciencia de ello y asumiremos el compromiso que tenemos de dejarles a las generaciones futuras un país más próspero, más justo, más seguro?

Les invito a todos a pensar en ello y actuar en consecuencia, pues no sea que en estas conmemoraciones del bicentenario, les estemos haciendo creer a nuestros niños y jóvenes que estamos muy bien debido a la guerra, a la Revolución de 1910 y que los resultados que vemos ahora, si no les fueren satisfactorios, vayan a creer que a lo mejor vale la pena otra Revolución armada. Vale la pena pensarlo, ¿no?
Nos leeremos en la próxima entrega.

Anuncios