>Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

En una tienda de mascotas, apareció un letrero el día de Navidad.

“Cachorritos en venta”.

Una perra había parido cinco perritos, los cuales fueron puestos a la venta en el negocio.
Muy pronto, un niño de grandes ojos y mirada curiosa, llamado Andrés se presentó en la tienda preguntando:

-¿Cuál es el precio de los perritos?

-Entre 30 y 50 dólares, respondió el dueño, abriendo las manos.

El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas y dijo al dueño:

-Esta navidad mi papa me regaló 12.45. No me alcanza, para comprar uno, pero ¿al menos puedo verlos?

El hombre sonrió. Abrió una puerta y de la trastienda salió la perra, seguida por cinco cachorritos. El último caminaba con dificultad, separándose de aquél hermoso desfile.

Andrés inmediatamente señaló el perrito rezagado que cojeaba:

-¿Qué le pasa a ese perrito?

-Cuando nació, el veterinario me dijo que tenía una cadera defectuosa y que cojearía por el resto de su vida.
El niñito se enterneció y exclamó:

-Entonces, ese es el perrito que yo quiero.

El hombre, emocionado, le replicó:

-Mira, si tu realmente quieres ese cachorro, yo te lo regalo.

El niño movió la cabeza negativamente, empuñó la mano, y mirando directo a los ojos del hombre, le aclaró:

-Yo no quiero que usted me lo regale- Este vale tanto como los otros perritos y yo le pagaré completo.

-Es cierto, reconoció el dueño de la tienda. Este vale tanto como los otros cachorritos.

-Le voy a dar mis 12.45 y 3 dólares cada semana hasta que lo haya pagado por completo.

El hombre le advirtió a Andrés:

-Pero el nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos…¿Por qué no mejor no compras uno de los que no tienen problemas?

Andrés se agachó y levantó su pantalón para mostrar su pierna izquierda, cruelmente retorcida e inutilizada, soportada con un aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo con la mirada empañada por las lágrimas.

-Yo tampoco puedo correr muy bien y el perrito necesita alguien que lo entienda.

El hombre se mordió el labio inferior. Sus ojos se llenaron de lágrimas, sonrió y entregó al cachorrito enfermo, con estas palabras:

-Sólo espero que cada uno de estos otros cachorritos tenga un dueño como tú.

El verbo de Dios, la Palabra, se hizo semejante a nosotros en todo para extendernos. Su carne humana se cansaba y sufría, explotaba de gozo y lloraba. Tenemos, pues, un Sumo Sacerdote que ha experimentado en carne propia de qué barro fuimos hechos. El es nuestro abogado que toma en sus manos nuestro caso, porqué el fue capaz de cargar sobre sí todas nuestras carencias, anhelos y necesidades.

Jesús, Sumo y Eterno sacerdote, tú me conoces, por que asumiste mi frágil naturaleza humana.

No tengo nada que pedirte. Sólo agradecerte el que me hayas amado hasta el extremo de hacerte como yo, para ser capaz de tener misericordia, pues experimentas en carne propia, de qué barro quebradizo fui plasmado.

Gracias, porque tú si me entiendes.

Amén.

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