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¿Cuál será la función del vello en la piel?

Tras el triunfo aplastante de Cecilia González, en julio del 2009, se crearon grandes expectativas entre varios grupos de la sociedad.

Los motivos para cerrarle las puertas al PAN y a su candidato en Tepatitlán, fue sólo una parte de los resultados que se dieron.

A partir de ahí, miles de tepatitlenses comenzaron a crear, a imaginar, a soñar con nuevas formas de gobierno, tras 15 años de hegemonía, absolutismo panista.

Llegó la fecha, tomaron protesta los nuevos funcionarios y con ello inició una serie de cambios, en muchos sentidos; unos administrativos, otros políticos, otros de imagen, otros de trato.

Con la algarabía de unos, llegó la incertidumbre para otros. Las plazas debían ser ocupadas por gente diferente, eso pidió el pueblo con su voto: diferencia.

En la nueva aventura política, tras quince años de ausencia en la toma de decisiones, a los priístas de Tepa les costó -les está costando- trabajo digerir qué es y para qué sirve el poder.

Unos regidores se quieren ir solos. Otros no saben ir sin la bendición de Cecilia.

Algunos directores se van solos, aunque no le guste a Cecilia. Otros están ocultando sus intenciones al grupo presidencial, para evitar ser despedidos.

Otros, novatos en la política, en el servicio y hasta en los negocios, no saben qué hacer ni cómo resolver los entuertos cotidianos de una administración. No son de, ni quieren ser parte de grupo alguno, dan bandazos.

El momento más álgido interno, seguramente está por venir, luego de que un grupo de empleadas, ubicadas en la Unidad Central Camionera, alzaron la voz al ser removidas de sus encargos. Y provocará comezón el tema porque las miras apuntan hacia dos frentes: Cecilia González y Armando Ortiz; a la primera le cuestionan no dialogar con los ahora exempleados ni darles razones de sus “renuncias”. Al segundo no le culpan públicamente, pero luego de que el Ayuntamiento decidió sumarle tres o cuatro jefaturas y direcciones bajo su tutela, la estrategia y el trato –dicen los empleados- cambiaron con intereses propiamente partidistas.

Este tema podría pasar del laboral al político; porque no es un asunto sólo de perderles –si alguna vez se la tuvieron- la confianza a los colaboradores que les heredaron a los priístas; sino de las constantes quejas de oidos sordos que la alcaldesa ha hecho a las peticiones de diálogo con los ciudadanos.

Y es que Cecilia González ha viajado mucho, ha gestionado millones de pesos para obras que están por arrancar y que, a finales de año le darán a ella la razón de sus constantes viajes y su casi permanente ausencia del palacio municipal. Este tema en particular le va a dar buenos saldos a Cecilia, pero no sabemos si le serán suficientes para abonarle a la deuda de sensibilidad y trato que le reclaman varios sectores de la sociedad.

Y si, además de las voces que se oyen afuera de que Cecilia sigue sin atender a la gente, se suma la denuncia de maltrato y despidos injustificados de su estructura, no la tiene sencilla la alcaldesa de Tepa.
Desde la perspectiva de una gran ciudad, Tepatitlán requiere una alcaldesa como lo ha sido Cecilia: gestora, impulsora, promotora, insistente para traer recursos a su pueblo.

Desde la perspectiva del pueblo que seguimos siendo, Tepatitlán se acostumbró a que el presidente estuviera en su oficina, en una reunión social, en el portal, en la plaza, esperando algo qué hacer, mientras otros gestionaban recursos para ir tejiendo las campañas.

Eso tal vez es lo que algunos le reclaman a Cecilia, que sea gobernante, aspirante y gestora en una sola persona.

Ella debe ir definiendo qué quiere ser.

El pueblo ya le mandó su mensaje: quiere una mujer con mandato, no sólo una mujer en el mandado.

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