>Por Luis Gutiérrez Medrano

A raíz de los continuos ataques a la iglesia católica con motivos de los escándalos ocasionados por el mal recordado padre Maciel y las imputaciones de pederastia a algunos ministros del catolicismo, me parece una obligación puntualizar sobre ese tema.

Como católico que soy reconozco que el padre Maciel y demás pederastas han hecho un enorme mal a la iglesia. Acepto que muchos de ellos sabían de la gravedad de sus actos, y con toda premeditación callaron y son por esto también culpables.

Pero no acepto -como muchos afirman- que su Santidad Benedicto XVI tuviera pleno conocimiento de la culpabilidad de Maciel, ya que en la iglesia, como en cualquier parte, hay calumnias y envidias.

La iglesia católica siempre ha sido atacada y perseguida y sigue incólume, lucha contra gobiernos que se amparan en el laicismo de sus leyes, que más bien son jacobinas, y sólo se han promulgado dichas leyes, para mermar el poder e influencia de la iglesia, que dicen son contrarias al progreso y la modernidad.

¿Es progreso despenalizar el aborto? ¿Es progreso promulgar leyes que permiten el matrimonio entre homosexuales y lesbianas? ¿Es progreso los divorcios express que desintegran con toda ligereza la familia? ¿Por qué hacer ley el matrimonio entre homosexuales y lesbianas si pueden vivir en lo privado como les plazca?

Es mentira que se odie a los homosexuales; se les compadece porque son seres humanos que sólo Dios sabe por qué motivo llegaron a ese término. Lo que molesta a la mayoría de las personas y a los católicos en particular, son las manifestaciones escandalosas de esos grupos con pinturas y vestimentas extravagantes y sus ridículos besos y abrazos a la luz pública.

Lo que antes era vergonzoso y se escondía ahora se presume como un logro de las libertades, que es más bien libertinaje.

Yo, como católico, primero trato de cumplir con las leyes de Dios y en segundo término las leyes del estado. Mi razonamiento es muy simple: ¿A quién le debo la vida que es mayor bien? Y mi respuesta es: A Dios, no al estado.

Si está mal mi razonamiento, creo que habrá entre los que defienden el laicismo, y aún más entre algún jacobino que refute mi argumento.

Cuando yo muera, le voy a dar cuentas a Dios, no al estado, pues sólo seré para éste un causante menos.
Primero Dios. Mis padres. Hijos y familia y en penúltimo término, considerándolo como un favor, para mí viene el estado.

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