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Por Rubén Arias Barajas

Vaya para Ustedes el saludo semanal de costumbre.

Usted amigo lector, podrá tener un juicio más certero que el mío, por lo mismo le pido que me ayude a poner en claro esto que salta en mi cabeza y que tiene que ver con la impresión de que los valores éticos y morales se han ido perdiendo a gran velocidad por los habitantes de esta región y eso me preocupa mucho.

No hace mucho tiempo todavía, se sabía que en Los Altos de Jalisco, no era necesario firmar documentos si se tenía una deuda o se adquiría un compromiso. Bastaba con que alguien empeñara su palabra y era más que suficiente en cualquier terreno.

Y los que se comprometían, en cualquier ámbito, honraban su palabra porque significaba su honor, su hombría, su formalidad, su buen nombre y eso había que cuidarlo por encima de todas las cosas, porque la buena fama pública era algo que se cuidaba como un tesoro.

No sé por qué ni la razón, pero eso se fue perdiendo poco a poco al grado de que hay algunos lugares en la zona de Los Altos de Jalisco, en donde se goza de mala fama en el aspecto comercial, pues se dice que hay ciertos comerciantes a los que sólo se les puede vender de contado. O sea, que nos fuimos de un extremo al otro.

¿Qué fue lo que falló? ¿Por qué los hombres, no todos claro, dejaron de darle importancia a la formalidad y al cumplimiento en todos los terrenos? ¿Por qué nació esa desconfianza algunas veces fundada en que no se puede confiar? ¿Fue en el seno de la familia en donde se comenzó a perder el énfasis que se ponía en la formación de la familia y en donde se inculcaba la formalidad, la decencia, el buen comportamiento, el respeto por uno y por los demás?

O fue en la escuela, donde los maestros dejaron de hablar de estos importantísimos temas y nos fuimos descomponiendo moralmente a tal grado que crecimos y nuestra formación no fue integral, nos quedó un hueco que tiene que ver con nuestra conducta, con nuestro comportamiento, con la manera de ver a las personas también, como nosotros, miembros de esta comunidad, enfocándose primordialmente a implantar el conocimiento científico que es útil, muy útil, pero que definitivamente no lo es todo.

Y si a esa pérdida de valores éticos y morales le sumamos varios factores que están presentes en nuestra realidad el panorama no es nada favorecedor. Por ejemplo, es sabido que en la sociedad tenemos dos frenos. Uno es el legal, que nos anuncia un castigo, llámese multa o cárcel, si no respetamos las leyes. El otro, freno moral, que es la instrucción religiosa en donde el temor a las Leyes Divinas se nos infunde y nos hace conscientes de respetar las normas que dicta la Iglesia. Sumados los dos frenos, es una contención buena, sana y yo diría que hasta necesaria para estar conviviendo armónicamente unos con los otros.

Pero ya se cuestiona a la Iglesia. Se cuestiona al Gobierno. Se cuestiona a la familia en donde los divorcios o separaciones son cada vez más frecuentes. Las uniones libres se comienzan a ver hasta con naturalidad y el colmo de las cosas, la unión formal o matrimonio autorizado ya por las leyes de este país, hasta horita sólo en el Distrito Federal, para que dos personas del mismo sexo, integren un matrimonio.

¿Pues a dónde vamos a llegar?

Una cosa es que las personas con preferencias sexuales diferentes a la mayoría merezcan respeto y otra muy diferente es que haya libertinaje. Antes todo se podía hacer con la discreción adecuada, con el respeto también a los demás que no piensan igual y las cosas fluían, sin embargo a alguien se le ocurrió pensar que en ese sentido estábamos muy atrasados comparándonos con algunos países de Europa, donde la ”modernidad” en ese sentido les ha llegado y no nos quisimos quedar atrás.

Por qué, si somos tan dados a copiar lo que en otros países se hace sólo copiamos la mayoría de las cosas que son nefastas o desagradables, y ejemplos hay muchos, pero sería ocioso abundar en ese tema pues es de todos conocido, en música, en el vestir, en el peinarse, en comportarse, etcétera.

Con el desempleo, la inseguridad que priva, el egoísmo y otras linduras que nos rodean, la convivencia sana se hace más difícil cada día y el problema está en que no luce en el panorama algún cambio que nos pueda favorecer. Qué triste.

Sin embargo, claro que no todo está podrido, no todo es feo. Existen en nosotros los seres humanos grandes cualidades que debemos dejar aflorar y que permitirán inmiscuirnos, cada quien en su ámbito, para lograr un cambio de actitudes y conductas que pueda componer un poco la azarosa vida que enfrentamos en ocasiones.

Sólo hace falta un poco de conciencia, un poco de voluntad y comenzar con actitudes personales. No esperar a que el otro haga para luego hacer nosotros. Actuemos.

Nos leeremos en la próxima entrega.

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