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Por Luis Mariano Martín

-Me gustas tú Rigoberto, y tú, y tú, y tú… – decía la canción- Pero, por encima de todas tus otras cosas, me gustan, tus orejas, voladoras. –¡Rigoberto soy yo! – pensé.

Y entonces me enteré de que había un libro llamado Los Cuadernos de Don Rigoberto y un Mario Vargas Llosa. Como pude a mis 16, lo conseguí y leí ávidamente. Y conocí otros mundos. Totalmente.

Yo no tenía idea de que semejantes cosas existieran.

Unos años después, en diciembre de 2009 como corresponsal de 7 días pude lograr el sueño de muchos: Encontrarme en una sala llena de reporteros, fotógrafos y la presencia de Mario Vargas Llosa.

Su figura serena y su presencia imponente llenaban el espacio. Todos guardaban un respetuoso silencio, sólo se oía el abrir y cerrar desesperado de los obturadores de decenas de cámaras que lo acribillaban a flashazos.

Despacio y con un hilo de palabras cuidadosamente tejido habló de los temas que para él eran importantes, su infancia, su familia, sus lugares, sus aventuras, desobediencias y atrevimientos. En la más pura confidencia de quien platica con sus amigos de toda la vida en un bar. Los demás no parecían apreciar esa confianza ofrecida, insistían en querer hablar de política con el político. Yo no. A mí eso no me interesa. Cuando te ponen un personaje de esa talla en frente es un banquete de historias y sabiduría.
A mí lo que me interesaba era él, su personaje, su genio:

Mariano. -¿Cómo es el proceso creativo para Mario Vargas Llosa?

-No hay dos escritores iguales, se refleja la idiosincrasia de cada escritor, en mi caso el proceso más o menos se podría resumir así: algo me pasa que deja una huella en la memoria, esas imágenes, que son esos recuerdos, por razones que para mí son siempre misteriosas van provocando, al principio de una manera inconsciente, un fantaseo, casi un juego, que consiste en construir a partir de una o un puñado de imágenes, de hechos vividos, eh, una pequeña historia o el embrión de una historia más bien. Sólo si eso persiste si eso me ocurre durante un tiempo más o menos prolongado pues, de pronto empiezo a tomar notas, a llenar fichas, eh, sin ninguna seguridad de que voy a trabajar en una novela o en una obra de teatro a partir de ese recuerdo, sólo cuando digamos, esas imágenes se vuelven muy insistentes, persisten y además, este, se van convirtiendo en una forma de urgencia empiezo ya a pensar en una(sic), o en una novela o en un relato o en una obra de teatro.

Lo que hago generalmente a partir de ese momento es, pues tomar muchas notas, a hacer unos, unas trayectorias (sic), eso me ayuda mucho a mí a empezar a escribir, tener unas trayectorias donde más o menos tengo una idea de donde arrancaría un personaje, donde terminaría y la manera cómo se cruza y se entrecruza con otro personaje de la historia. Ese es un plan muy vago, muy general ¡que nunca respeto además!, pero a mí me da el impulso inicial para poder escribir. ¡Y luego lo demás es trabajo! Trabajo, mucho trabajo. Lo que más trabajo me cuesta siempre es la primera versión, pero una vez que tengo esa primera versión, que generalmente es muy caótica, una especie de magma, que probablemente nadie podría entender sino yo mismo, y empiezo a revisar y a corregir, esa, esa es la parte que para mí es más grata, es la que me entusiasma más, la que hago con más seguridad, por eso siempre digo que a mí lo que me gusta no es escribir sino reescribir, el reescribir es el verdadero placer para mí de la creación, de la creación literaria.

Cuando le pregunté qué consejo podría dar a los jóvenes que queremos ser escritores, esto me dijo:
-Si usted tiene la vocación literaria ¡pues trabaje en ella! Entréguese a ella, con pasión, con la convicción de que es la actividad más exaltante, la que le va a dar mayores satisfacciones. Creo que, el secreto del talento está en última instancia siempre en el trabajo, en la disciplina, ¡hombre! Un cierto sentido autocrítico desde luego, corregir, exigirse cada vez más, tratar de llegar a topes más altos en la realización, eh, de los, de los proyectos.

Más tarde en el Cabañas, en la exposición sobre su vida, al tener en frente una de sus máquinas de escribir, tecleé mi nombre para ver si algo de su energía creativa se me transfería. Después de todo, ¿quién hace caso al letrero de ‘no tocar’? Y al regreso a la Fil le pedí que me firmara la mano derecha. El maestro huele fresco, firma con un monograma simple pero fuerte, su acento se hace notar en palabras fluidas. Una persona grande, una historia larga hecha corta.

¡Enhorabuena Maestro!

La entrevista completa a Mario Vargas Llosa puede leerse en el número 581 de 7 días. Luis Mariano Martín inaugura su galería/estudio CATARSIS ARTEPATITLAN este domingo 10 a las 7, en Galerías Tepatitlán.

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