>Por Rubén Arias Barajas

Vaya para ustedes el saludo semanal de costumbre.

Ante los asesinatos en forma de ejecuciones o derivadas de enfrentamientos, secuestros, extorsiones y todo lo que produce miedo (psicosis) a la población, las autoridades han reiterado el argumento de exagerar tales acontecimientos.

El argumento mencionado no va acompañado de la comprobación correspondiente y por lo tanto, no genera certeza alguna, sino que por el contrario, contribuye a la especulación y la inseguridad sobre un tema que requiere la intervención de las autoridades para proporcionar confianza y certidumbre a la sociedad.

La inseguridad debiera enfrentarla el Estado con instrumentos que permitan recuperar la confianza y seguridad en las instituciones, así como en la sociedad misma.

Las declaraciones oficiales dejaron de ser desde hace mucho, referente de confianza de la opinión de nuestra población, porque las emite un gobierno que carece de incentivos para generar seguridad a los ciudadanos y en su lugar brinda o pretende brindar paz y tranquilidad a sus gobernantes.

Si cuando sucediera algo grave, el gobierno del estado diera la cara a informar genuinamente lo que ha acontecido, entonces los medios de comunicación no exagerarían ni modificarían de alguna forma tal información. Son ellos los que de una u otra manera van construyendo, aumentando y difundiendo el pánico y esto se convierte en una psicosis colectiva; la cual conlleva a perder la serenidad, la tranquilidad y la capacidad de razonar y discernir lo que REALMENTE acontece.

La sociedad padece en forma cotidiana el peligro, la intranquilidad y agresiones de la delincuencia, pero además, prepotencia, indiferencia e incluso muchas veces, las agresiones de quien debiera brindarle confianza y seguridad.

La amplia cobertura periodística acompañada de una decena de noticias agresivas, terminan generando masiva inseguridad y miedo. Se desarrolla así la idea del “daño colateral”, es decir, un hecho inevitable y lamentable que uno debe aceptar para evitar un perjuicio a toda la sociedad.

La generación de miedo, magnificando amenazas reales o supuestas, es un fenómeno recurrente a nivel mundial, pero si comenzamos a razonar y meditar apropiadamente, podríamos expresar a nivel familiar y después en nuestra propia comunidad, esa tranquilidad que podemos utilizar para sustentar cada vez que se presentase un hecho violento y poder canalizarlo a situaciones productivas, al menos  no estropear  la realización del trabajo de las autoridades correspondientes al no manifestar pánico ante tales hechos.
No contribuyamos al unirnos en la general psicosis y hagamos un esfuerzo por demostrar actitudes positivas y no adelantarnos pensando que sucederán hechos que nos perjudicarán, pues tal vez jamás ocurran.

“El miedo bloquea la razón”

Respecto a la inseguridad que muchos sienten, la influencia más fuerte no son los delitos en sí mismos, sino los medios de comunicación incluido el Internet y los correos sobre eso mismo, que muchas veces son copias de cadenas enviadas por otros países latinoamericanos.

Como el año pasado con la gripe porcina, hemos visto nuevamente el poder de los medios de comunicación para generar pánico social. El miedo es el mejor agente dominador, a través del cual una sociedad asustada acepta todo tipo de medidas “para su protección”.

Se manipula lo más sagrado para muchos, que es el temor que algo les ocurra a sus hijos. Habrá que esperar a que haya tiempos de mayor cordura y precisar cómo el miedo paraliza nuestra capacidad crítica.

Para no dejarnos inocular más miedo, sería más sano ver menos noticieros, o informarnos mejor sobre lo que realmente acontece, sin dejarnos llevar por lo primero que escuchamos. O mejor aún, que las autoridades conduzcan esto en forma más inteligente y transmitan a los medios de comunicación LAS VERDADES sin manipularlas a su antojo. Pero claro, esto se vislumbra muy “verde”, así que nosotros mismos, cada quien con sus propias familias, no permitir que trasciendan actitudes poco favorables.

Actitudes maduras y serenas, objetividad y precauciones normales, son ingredientes que deberán formar parte de nuestra vida cotidiana, pero sin exageraciones. El temor irracional, la desconfianza excesiva, pueden hacer de nuestra vida un infierno peor al que estamos viviendo con la inseguridad.

Una sociedad bien informada tiene la maduréz suficiente para saber cómo conducirse apropiadamente, no menospreciemos la inteligencia de la colectividad.

Nos leeremos en la próxima entrega.

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