>Por María Concepción Torres Venegas
martorres07@hotmail.com

Vivimos un tiempo de mucha confusión, el concepto de autoridad como muchos otros que, en épocas anteriores ni se cuestionaban, eran principios que se daban por sentado, poco a poco se han ido perdiendo, y con ellos, se ha perdido también el orden no solamente familiar, sino también el social, el político y muy particularmente en el ámbito educativo nos hemos ido confundiendo cada vez más.

Parece que el principal recurso al que hemos apelado ha sido recurrir a formas rígidas de funcionamiento en donde, parece que, en lugar de preguntarnos nos apegamos a moldes o categorías para no sentirnos tan solos en un mundo de tanta incertidumbre, creo que tal es el caso cuando nos referimos al concepto tan escuchado y tan repetitivo como es el de “valores”,

Tal parece que, todos entendemos lo mismo cuando alguien alude al término. Lo escuchamos en televisión, en la escuela, en la iglesia y en las innumerables conferencias que a veces pareciera que, más que llevar el intento de hacer una reflexión tuvieran la intención de que, nadie se escape de asistir a una de ellas como si fuera tarea.

Quisiera acercarme al concepto como tal y recordar el origen de la acepción que en muchos casos ayuda a aclarar. Valor es una palabra que proviene del latín “oris”. Significa cualidad física, intelectual o moral que se aprecia de alguien. Cualidad de algo digno de interés y estima.

Como vemos, la palabra admitiría cualquier cosa que sea digna de nuestro aprecio. Sin embargo pensemos por un momento que entendemos cada uno como valor para nuestra vida cotidiana.

Cuando hablamos de “valores familiares” ¿qué es lo que estamos queriendo decir?, que creemos en la “unión familiar”, en la “honestidad”, en la responsabilidad, y que creemos que los únicos que existen como tal son éstos.

Curiosamente si alguien no posee en su ámbito social éstas joyas preciadas decimos: es gente que “no tiene valores”, olvidando con esto que; podrían tener, sin embargo, la apreciación de otros valores que también pueden ser importante como la congruencia aunque no sean religiosos, ó el respeto por la diferencia, aunque no estudien en colegios católicos.

¿Qué es lo que tenemos miedo de enfrentar?, ¿qué es lo que en éste momento de nuestra historia nos está faltando entender y cambiar en nuestras vidas a cada uno?

Efectivamente es mucho más complicado preguntarnos si en realidad estamos siendo congruentes con lo que decimos y con los actos que acompañan a nuestro lenguaje, que asistir a muchas conferencias que nos hablen de la importancia de decirles a nuestros hijos que deben de ser “buenos hijos” ó comprarles un video de las buenas costumbres y los buenos modales.

Creo que los valores son transmisibles no sólo desde el orden oral y moral sino desde la experiencia de la congruencia.

Vivir la experiencia de entender que también valor es, enfrentar que vivimos un país con grandes desigualdades y que inmersos en él, nos pasa desapercibido pues creemos que son una parte necesaria de los pueblos y que son quienes deberán trabajar a nuestro servicio porque al fin y al cabo gracias a nosotros tienen trabajo.

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