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El imbécil
de la familia

Unos a la pena y otros a la pepena. El martes en la mañana vi en la televisión al gobernador de Veracruz pidiendo ayuda para los cientos de miles de damnificados, y a Carlos Loret de Mola buscando culpables de la inundación -en el gobierno local, por supuesto- y criticando que las despensas fueran entregadas en bolsas rojas.

El joven Loret de Mola me parece, por momentos, un hombre inteligente, pero de mala fe siempre. De mala leche o simplemente muy celoso de sus votos de obediencia ciega que hizo cuando le dieron empleo en Televisa, aunque en el cumplimiento de los mismos se pierda la objetividad y por lo tanto la credibilidad.

Tras preguntarle al gobernador de Veracruz qué necesitaban los damnificados, se lanzó al ataque diciendo que tenía que haber culpables del desastre, quería ver sangre, que rodaran cabezas, que hubiera renuncias, castigo, que se exhibiera a sí mismo el gobierno de Veracruz como ineficiente, lo que atajó Fidel Herrera recordándole la magnitud del meteoro, el tiempo que llevan de existir las comunidades, colonias y fraccionamientos inundados, y lo que está provocando en todo el mundo el cambio climático.

No insistió, fue desarmado. Contra el rojo entonces: “¿No se ve feo -dijo- que las despensas estén siendo entregadas en bolsas rojas, del color de su partido?” ¡Qué pendejo se lo encontró…! En primer lugar -le contestó rápido Fidel Herrera- el color de mi partido no es el rojo, mi partido es tricolor; en segundo lugar, las únicas despensas rojas que están llegando son las de la Cruz Roja que como todos sabemos es su color natural, por eso se llama así; en tercer lugar, si volteas para allá verás que están llegando despensas blancas y azules; y en cuarto lugar yo no tengo por qué andar promoviendo a mi partido porque no hay ningún proceso electoral a la vista ni soy candidato a nada…

“¡Cómo no!, ¡cómo no!”, se quiso hacer el gracioso el joven conductor de noticias de Televisa, pero al ver la seriedad del gobernador de Veracruz, que no estaba para mamadas porque le estaba hablando un grupo de damnificados, se puso serio también Loret y hasta enojado preguntó con insistencia cuándo iba a desaparecer la inundación, quería saber la fecha y la hora en que estaría todo seco… ¡Carajo!, le apagué a la televisión y me salí de casa.

A eso vino Carlos Loret de Mola a Veracruz, a eso lo mandó la Presidencia de la República, a hacer campaña contra el gobierno de un priísta al que tanto miedo le tiene Felipe Calderón. Se me afiguró -como decían en mi rancho-, que el joven comunicador es como un eficiente sicario de la información que dispara certero contra quien le ordenan los capos que le pagan.

Esto porque una semana antes, en el círculo de los cinco sabios llamado Tercer Grado, fue él (Loret) quien denunció brillantemente y con elocuencia la hipocresía de los dueños del Grupo Reforma, que en uno de sus periódicos se ostentan como los paladines de la moral y las buenas costumbres, y en otro que circula también en la ciudad de México le sirven como último eslabón de la cadena de la trata de personas al crimen organizado.

Lo planteó tan bien el joven Loret que me impresionó, por eso digo que me parece, por momentos, un hombre inteligente. Sólo le faltó agregar que Televisa hace lo mismo, en su programación normal incluye supuestos milagros de la Virgen de Guadalupe, y en su revista TV y Novelas publica los mismos anuncios de venta de servicios sexuales y con las mismas imágenes de nalgas cachondas. Si eso no es también hipocresía no sé cómo se le podrá llamar. Fue otro servicio a la Presidencia de la República, se trataba de golpear a Reforma porque su dueño Alejandro Junco hizo enojar al presidente Felipe Calderón al irse a vivir al extranjero por temor a la inseguridad.

Es una pena que mientras miles de personas, cientos de miles sufren por lo que perdieron a causa de este huracán Karl, y mientras otros miles o cientos de miles piden y otorgan ayuda para los afectados, esta tragedia -tan grande y tan dolorosa- sea utilizada, como casi todo en este país, con fines políticos. Unos con micrófono en mano y en cadena nacional, y otros manipulando a un pequeño grupo de personas para bloquear la única carretera que servía, para protestar por la falta de luz y de agua. Como si fueran los únicos en desgracia…

En días pasados tuve la oportunidad de hacer un viaje a Londres, y estando allá le pregunté a un guía de turistas por qué en Inglaterra circulan los vehículos por los carriles de la izquierda y no por la derecha como en el resto del mundo, por qué tienen el volante del lado derecho y no en el izquierdo, y sobre todo por qué, si pertenecen los ingleses a la Comunidad Europea, no aceptan que pague uno lo que compra con euros como en el resto de Europa, se tiene que usar por fuerza su moneda que es la libra esterlina.
“Bueno -me dijo el guía, que además era español-, tú sabes que en cada familia hay un imbécil… pues estos son el imbécil de la familia”.

Aaaah pues sí… Ahora entiendo, como la humanidad es también una gran familia, mientras la mayoría lamentan la tragedia de los veracruzanos y hacen algo por ayudar, el imbécil de la familia trata de sacarle provecho. Lo entiendo pues, pero desentonan, desentonan…

PD.- Aprovecho para decirles a los compañeros periodistas que escriben acerca de los periodistas, que no, yo no soy Tomás Ralero, yo acostumbro ponerle mi nombre y apellidos a todo lo que escribo. Como quiera gracias por recordarnos.

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