>Por Gustavo González Ontiveros

No fue gran cosa el festejo del Bicentenario de la Independencia en Tepatitlán. Aunque según cuentan, en el resto del país tampoco hubo grandes sorpresas, por lo que las autoridades del municipio se pueden quedar tranquilas.

Y al parecer pudo más el miedo que las ganas de la gente de salir a divertirse, pues la plaza de armas no se llenó. Que en misa los sacerdotes decían que no había que ir al grito por precaución, que a viva voz por las calles a la gente le iban diciendo que el que saliera a festejar esa noche que se atuviera a las consecuencias.

No me tocó escuchar ni enterarme de las advertencias antes señaladas ni ninguna otra, aunque no negué que si sentía temor de que fuera a pasar algo y por eso decidí no adentrarme totalmente entre la “multitud” que abarrotaría la plaza, pero llego y veo que se podía pasar casi libremente por la calle Hidalgo frente al palacio municipal.

Había más policías que otros años cuidando; había hasta soldados en las esquinas. Los militares tenían el barbiquejo de sus cascos ceñidos, lo que antes significaba que estaban en una misión especial, no sé si todavía sea así, aún así supuse que si había presencia castrense es porque en verdad había riesgo en Tepa de algún hecho violento…

Pero observando mejor a los soldados vi que estaban en actitud relajada, unos ni el casco tenían puesto, otros más estaban recargados en alguna pared hasta con una sonrisa en sus rostros y otros más hasta platicaban con la gente despreocupadamente.

Qué diferencia de otras veces cuando pasan convoyes de militares con cara de pocos amigos y con un dedo en el gatillo, avanzando a toda velocidad por las calles de la ciudad y deteniéndose en el palacio municipal sin que nadie sepa realmente el motivo de la presencia.

Así que, si había algún motivo específico por el cual estuvieron los soldados, estos pudieron ver que todo fue falsa alarma, como en casi todo el país.

Y si vinieron a solicitud de la autoridad municipal o enviados por algún ente superior, nomás por precaución, qué bueno que estuvieron aquí, más vale que no se hayan necesitado que ocurrido una desgracia y no tener una fuerza superior que le hiciera frente.

Que la presencia militar en una ciudad relativamente tranquila y a salvo de poderosos criminales hace que más de alguno se ponga nervioso, no hay ninguna duda.

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