>Por Ramón Muñoz de Loza

¿Cuál crisis?, ¿Quién se la comió?

Esta semana el pueblo se distrajo con la celebración, conmemoración, remembranza o lo que sea del Bicentenario de 1810.

Como buenos mexicanos, al margen de si entendemos o no qué pasó en esa fecha o qué trascendencia tuvo y, qué actores fueron los principales, nos quedamos con las tradiciones.

¿Qué es el Bicentenario?, pues son 200 años desde que inició el proceso libertario de los mexicanos (antes criollos, antes aztecas, olmecas, mexicas, etc).

El 2010 ha sido, desde hace algunos años, ha resultado muy rentable en cuestiones políticas (que no partidistas), por lo que implica recordar a los “héroes que nos dieron Patria y Libertad”.

Lo cierto es que, al margen de que celebremos, conmemoremos o rememoremos, el Bicentenario ha servido de pretexto para que algunas familias se vuelvan a reunir, los amigos se junten en algún lugar y los prestadores de servicios como bares, restaurantes, los comerciantes de bebidas (alcohólicas o endulzadas) hagan suya la primer quincena de septiembre.

Si hay contenido real o ficticio de la gesta independentista, es lo de menos. Que si Hidalgo era el Padre de la Patria o el padre de más de tres. Eso es lo de menos.

Que si el Angel de la Independencia le agandalló el espacio al árbol Coca Cola en Tepa, eso también es lo de menos.

Lo importante es que este 2010, los grandes días de asueto volvieron, igual que en la populista década de los setentas, cuando, por decretos presidenciales nos llevaban de paseo al rancho, porque cerraban oficinas del gobierno, bancos y hasta comercios.

Aunque ahora las cosas son diferentes, muy diferentes; estos días nuestros de asueto son con centros comerciales y cadenas extranjeras quitándoles el chivo a los mexicanos en estos días. Cerraron los bancos pero no los comercios.

Con unos elotes, con pozole gratis en la plaza; con Jamaica, con Temascal, con la Sonora Santanera, en el rancho, a caballo, en carro; en una cuatrimoto o en la Hummer; con charrascas o con vodka; con cohetes o bien cuetes; con grito de Dolores o con dolores y gritos (porque no alcanza el chivo)…
Lo importante es que esta semana llegamos al 2010. A tiras y tirones, a empujones, pero llegamos a esta gloriosa fecha.

Muchos sueñan con que es una fecha enigmática, que no volveremos a vivirla los que la disfrutamos. Aunque tampoco disfrutaron el bicentenario aquellos que se prepararon para los Centenarios y las Onzas Troy y que luego se las quitaron con las dos Revoluciones, la Nacional y, en esta región, la Cristera.
Lo importante, insisto, es que esta semana tuvimos muy buenos pretextos para no ir a clases, para no ir al trabajo, para ir a la fiesta, para el jolgorio. Eso es lo importante.

Del Bicentenario el año entrante ni nos acordaremos. Sólo recordaremos a Hidalgo, a Morelos, a Guerrero… eso si, si vuelve a caer en viernes o jueves el 15 o el 16 de septiembre y, la guerra contra el narco sigue vigente, no dudemos en que, de un plumazo, con decreto en mano, el presidente Calderón, nos vuelva a mandar de puentazo, para celebrar, ya no el bicentenario, sino el inicio del tricentenario, claro, con su respectiva campaña promocional de TV Azteca y Televisa.

Como quiera que haya sido, lo bueno es que la gran masa mexicana, la raza, el pueblo, pudo disfrutar de cinco días de descanso, asueto, fiesta nacional o como lo llamen.

Quién fuera mexicano que, aún en tiempos de crisis, se da tiempo de no hacer nada, con el pretexto del 2010, año del Bicentenario.

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