>Una persona así, un discípulo como él, un evangelizador, un sacerdote de tal estatura es punto y aparte. Mexticacán le hace el homenaje, pero él fue grande en los distintos momentos de su vida. Desde niño y estudiante sorteó grandes dificultades. Por eso el Consejo de Cronistas de Mexticacán, el profesor Jesús Gutiérrez Pulido y autoridades, realizaron este acto de reconocimiento el viernes 10 de septiembre de 2010, en la Capilla de Indios a un costado del templo. Esta ha sido la circunstancia para compartir, San Diego y Mexticacán grandes valores humanos y cristianos.

Allá en San Diego…

De allá es su familia, don Refugio y doña Eduviges. Allí nació el 1 de julio de 1902, allí aprendió el amor a Dios y a la Inmaculada Concepción en tan bella imagen.

Los Señores don Juan y don Cayetano Origel ocuparon el cargo de presidentes municipales en distintos periodos. Pero la llegada de la Revolución alteró la vida del pueblo. Las familias tuvieron que dejar su tierra y emigrar a lugares seguros, en este caso fue León, Gto. Para este tiempo el niño J. Jesús ya tenía la ilusión de ser sacerdote. En 1918 ingresó al Seminario de Guadalajara. No sin dificultades, pero avanzaba en sus estudios, pues ya desde entonces eran perseguidos. Para 1926, la Cristera, estaba a la puerta, eso vino a poner retos más grandes. Por fin el señor Arzobispo don Francisco Orozco y Jiménez, logró que este grupo de seminaristas fueran enviados a Bilbao, España. 16 alumnos recibieron la ordenación sacerdotal en mayo de 1929.


Signos especiales

La llegada del nuevo sacerdote a su tierra representó el final de la Cristera y la apertura de cultos para San Diego. Su Cantamisa se planeó para el 15 de agosto de 1929. La imagen de la Patrona estaba oculta bajo tierra. Ese día el padre Origel “reconcilió el templo” que durante casi tres años fue profanado por los federales. A las doce del día inició la ceremonia pero sin la imagen, porque el párroco propio, Marcos Rivera Ledezma, permanecía en Chicago. A la hora de entonar el gloria se escuchó un rumor creciente de cantos y exclamaciones, el pueblo había decidido que saliera la imagen y la trajeron hasta el templo, esto significó una gran alegría para el sacerdote, al amparo de la madre tan querida.

Por un año fue destinado a Atotonilco, en 1932, se le nombró vicario de Jalpa de Cánovas, en la jurisdicción parroquial de San Diego, luego fue nombrado vicario de San Diego donde realizó una gran labor espiritual y de reconstrucción del templo. El 18 de agosto de 1938 fue designado párroco de Mexticacán en donde entregó su vida plenamente hasta su muerte, el 27 mayo de 1988. Este homenaje fue oportunidad para resaltar la entrega, generosidad y alegría de este sacerdote. Porque fue un sacerdote alegre y difundió alegría para el pueblo a lo largo de su ministerio, un sacerdote feliz y un pueblo contento.

San Diego de Alejandría y Mexticacán ofrecen un claro testimonio de los grandes valores de don J. Jesús Origel Villalpando.

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