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Quedan pocos días para el Bicentenario. El bicentenario pero del inicio de la lucha por la Independencia, porque todo mundo sabe cuándo empezó pero casi todos ignoran cuándo terminó y se declaró formalmente independiente al país. ¿Alguien sabe desde cuándo somos independientes? Yo no, pero el 16 de septiembre de 1810 no es.

Que el gobierno priísta agrandó personajes de la Independencia, minimizó otros, borró unos e inventó algunos. El gobierno panista como que en ocho años que lleva en el poder no se ha animado a tocar la historia “oficial”, recopilada por los del Revolucionario; los del PAN sólo se han conformado con ponerle a algunas calles los nombres de Gómez Morín, Clouthier y González Luna, pero hasta ahí.
Que muchos dicen que no hay nada que festejar, que el país está muy jodido, que mucha violencia, que en realidad seguimos dependiendo de alguien más. Hasta una película sale por ahí diciendo que nunca se había estado tan mal.

Seguramente todos los que dicen que estamos muy mal vivieron la lucha de la Independencia, la Revolución, la conquista de los españoles, las invasiones de los gringos y franceses y un montón de episodios violentos que sacudieron al país y asolaron a la población, sin contar las veces que hubo hambrunas, enfermedades y desastres.

Quién sabe si las matanzas entre narcos de ahora son igual de peligrosas que las luchas armadas de antaño. No me tocó vivir esas épocas; solamente los que llevan viviendo alrededor de 300 años podrían decir con toda autoridad.

Lo que es innegable es que sería mucho mejor vivir sin ninguna zozobra.

Festejemos el bicentenario, aunque todavía no se cumplan 200 años de la independencia; gritemos ¡viva Hidalgo! aunque solamente el PRI y los historiadores sinceros sepan si de verdad era un héroe; festejemos aunque el país no ande tan bien, porque siempre se puede estar peor, mucho peor…
Que si algún desgraciado piensa soltar una granada en medio de la plaza de armas la noche del grito… Todo puede suceder, Dios quiera que no.

Pero bueno, qué chingados, vayamos al grito, veamos si esta vez Cecilia González sí se digna a 1: Asistir a un evento y no mandar un representante como es su costumbre o simplemente no ir y ni siquiera avisar y 2: Que llegue a tiempo y no haga esperar a la gente.

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